martes, 19 de julio de 2011

Jóvenes ensayistas, sin territorios prohibidos

19/Julio/2011
El Universal
Yanet Aguilar Sosa

Los registros del ensayo mexicano joven son múltiples y diversos: los escritores nacidos entre finales de los 70 y principios de los 80 transitan por distintas formas de ensayo y de temáticas. Si unos ejercen el género desde lo autobiográfico, otros andan por el ensayo analítico, e incluso hay algunos que lo plantean desde la creación de personajes; es decir, crean a una especie de “yo”, que es el que ensaya.

El que Alfonso Reyes definió como “el Centauro de los géneros” goza de cabal salud en México y tiene a grandes exponentes de menos de 35 años. Aunque tienen en común el rango de edad, la manera de esos escritores de arribar al ensayo es distinta.

Mientras unos ejercen el género desde la solemnidad y disertan sobre la literatura, la poesía, el relato y la relación que hay entre literatura y sociedad; otros escriben de cosas que parecen nimias y banales; unos más se internan en la literatura en otras lenguas y traducen, hay quien ensaya sobre la relación entre literatura y artes visuales; y quien tiene como tema literario la risa.

En la joven ensayística mexicana los caminos de la escritura son diversos; así lo confirman los ocho autores de este género convocados por EL UNIVERSAL para expresar sus ideas en torno a esta escritura, pero también para confirmarlo a través de su obra.

Geney Beltrán Félix (1976), Guillermo Espinosa Estrada (1978), Fausto Alzati (1979), Verónica Gerber Bicecci (1981), Alejandro García Abreu (1984), Marco Lagunas (1974), Paola Velasco (1977) y Jorge Mendoza Romero (1983) son los exponentes de este género que definen de distintas maneras.

Si Geney Beltrán dice que “en la escritura ensayística busco explicarme, argumentadamente, lo que se encuentra detrás de la creación misma, tanto como autor y como lector”; Alejandro García Abreu señala que “el ensayo representa la libertad de la errancia; consiste en el trazo de caminos bifurcados”.

Todos tienen un libro publicado o están a punto de publicarlo; todos publican en revistas literarias a lo largo y ancho del país, casi todos han sido becarios (a excepción de Fausto Alzati) de la Fundación para las Letras Mexicanas y algunos han obtenido beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes; varios de ellos han recibido premios, como el José Vasconcelos de ensayo. Todos, sin excepción, asumen el ensayo como un género mayor.

Determinados por sus temáticas

Mónica Nepote, directora del Programa Editorial Tierra Adentro, y Eduardo Langagne, director de la Fundación para las Letras Mexicanas, coinciden y aseguran que entre los ensayistas jóvenes hay intereses muy diversos, formas distintas de abordar el ensayo y una variedad de temáticas que asumen con seriedad pero con tonos distintos.

Nepote dice que esta generación está menos conflictuada por tener una identidad únicamente literaria. “Son autores que nacieron y crecieron entre jugando nintendo, viendo caricaturas intensamente, con una estética de zapping, que han sabido muy bien integrar esa mirada de cultura popular, de infancia compartida con un gusto literario”.

Dice que las generaciones anteriores se edificaron cierta personalidad literaria sacrificando ciertas cosas de la cultura popular y eso se está disolviendo cada vez más, así, hoy hay escritores más integrales y menos enemistados con sus gustos populares, aparentemente superficiales, y que están metidos en una conversación de redes sociales y sistema de intercomunicación inmediata.

Entre los jóvenes que hacen ensayo en México hay quien se interesa por la literatura alemana, como Marco Lagunas; o por la poesía, el tema central del ensayo de Jorge Mendoza; o por disertar sobre las cuestiones que parecen nimias y triviales, como Alzati y Velasco; o como García Abreu, quien explora el pensamiento de los escritores.

“En mis ensayos he explorado aspectos de la obra y la vida de varios escritores. Indago sus libros tendiendo puentes, desviándome, procurando intermisiones. El ensayo representa la libertad de la errancia; consiste en el trazo de caminos bifurcados”, dice García Abreu, editor de la revista Superego.

Justo en la temática y la forma de urdir el ensayo está la diferencia. Verónica Gerber Bicecci, artista visual egresada de La Esmeralda, asegura que lo que más le interesa es encontrar intersecciones entre la imagen y la palabra y mudarlas a una y a otra de lugar.

“Mi tema de escritura es muy claro, las artes visuales ligadas a la palabra y a la literatura. Sobre todo me interesa escribir sobre arte contemporáneo, pero no hacia la crítica de arte sino hacia la literatura y la ficción”, dice la autora de Mudanzas, un libro que ha recibido muy buenas críticas.

Guillermo Espinosa Estrada, doctor en Lengua y literatura hispánica por la Boston University, asegura que él ensaya sobre la risa porque el ensayo en México está muy relacionado con temas literarios y artísticos en general y eso le aburre mucho.

“Tengo muy claro cuál es mi tema literario: la risa. Todo lo que escribo está relacionado con lo cómico, con la ironía, la parodia, el chiste. Todos estos fenómenos son muy diferentes entre sí pero, no sé por qué, desde hace unos 100 años suelen agruparse erróneamente bajo la etiqueta de ‘humor’. Entonces, yo escribo sobre el ‘humor’. Intentando llevar la contra me alejo de lo libresco y de la ‘alta cultura’ y la risa es la coartada perfecta”.

Él está a punto de publicar su libro La sonrisa de la desilusión, en Tumbona Ediciones, una serie de 12 ensayos dedicados a diferentes fenómenos cómicos usualmente desdeñados por la literatura: la comedia romántica, la sitcom, el stand up comedy, la comedia musical, el comic y el pastelazo.

Otras formas de ensayo

El más avezado de los ensayistas y también crítico literario, Geney Beltrán Félix, ha abundando en los temas literarios con un filón particular: las relaciones del escritor con la sociedad en la actualidad. “Hoy rige el paradigma de la democracia semialfabetizada y, sin embargo, el espacio para la discusión humanística se ve en peligro. Es, pues, una reiteración en el examen de las relaciones entre ética y estética”.

Velasco y Alzati comparten el afán por lo nimio y obvio; el detalle y el divertimento. El autor de Inmanencia viral dice que esos son puntos más favorables para analizar la realidad.

“Abordo temas relacionados con la cultura pop, cosas a grandes rasgos como la celebridad, la virtualidad, y los síntomas de nuestra época. Pero en específico me gusta tratar con cosas como los clasificados de masajes en los periódicos, algún gesto de una estrella pop, un juego para celular, los anuncios de brujería en TV Notas. Y para ello me baso en un recorrido ida-vuelta entre los marcos teóricos de la filosofía, el psicoanálisis y el budismo”, dice Alzati.

Velasco dice que el ensayo admite los grandes temas, las trascendencias filosóficas y artísticas, lo magno igual que lo nimio, el detalle y el divertimento; en términos formales puede también optar por la linealidad o la desviación, por la claridad o la complicación, por la circunspección o por la fiesta.

“Por un lado, hay en mí una inclinación por los temas en apariencia insignificantes o, mejor, una predilección por abordar asuntos intrascendentes procurando extraer ­mediante asociaciones y desde un punto de vista personal- una mayor sustancia”, comenta.

El fondo de la disertación

Eduardo Langagne dice que “hoy se nota entre los jóvenes un gusto, cada vez mayor por la reflexión escrita, por el ensayo; pero un ensayo creativo que juega con las nuevas tecnologías, hace crítica de música, de pintura y se acerca desde luego a la crítica literaria”.

Pero además, dice que los jóvenes ensayistas reflexionan también sobre la realidad. “Leí un ensayo de un muchacho que con cuestiones cotidianas como lavar o romper un plato, nos habla de la decodificación, de la deconstrucción; una lectura de algo muy complejo él la resuelve con una comparación bastante doméstica y accesible”.

Algunos ensayistas piensan que el ensayo se basa en el dibujo de uno mismo. Así lo cree Alejandro García Abreu, coautor de Línea de sombra. Ensayos sobre Sergio Pitol. “Pienso en la autobiografía entendida como un inventario de lecturas. Ensayar implica desordenar y reordenar la biblioteca. Queda asumida la noción de tentativa como uno de los rasgos propios del género. Permanece la propensión del ensayista a ver paralelismos e instaurar nexos”.

De la misma opinión es Marco Lagunas, maestro en Letras Alemanas por la UNAM y ganador del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos. “El ensayo es autobiografía. Sí, tal vez es un error esta afirmación, pero para mí tiene cierta validez, una validez literaria, por supuesto, porque cuando escribo, con frecuencia no hablo de mi vida cotidiana, sino de mis dudas sobre el mundo, de mis pensamientos”.

Para otros, más que lo autobiográfico está la investigación. Jorge Mendoza, coeditor de Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura, dice que la investigación literaria ha poblado muchas de las páginas que ha escrito.

“Trabajo desde hace tiempo sobre diferentes tópicos de la poesía mexicana: la conformación de su canon, la arquitectura del campo literario, o sobre algunos autores o movimientos que me interesan en particular”.

Los ocho ensayistas jóvenes se saben parte de una generación y se conocen, pero no aceptan tener intereses comunes. Se leen entre sí, hay talleres que han formado para analizar sus textos; hablan del trabajo de otros ensayistas jóvenes, unos aceptan influencias, pero niegan ser herederos de tal o cual escritor y menos portar la estafeta de alguien.

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