domingo, 20 de mayo de 2012

Ruritania, el país de los diputados

18/Octubre/2010
El Universal
Guillermo Fadanelli

Podría dedicar estas páginas a narrar o considerar la vileza que resuman ciertos diputados, pero en estos momentos de desesperación pública toda crítica hacia estas personas se transformaría directamente en una celebración. Para ellos, como ha sido evidente, la palabra representa un universo desconocido. Para ellos sólo la acción. Y esta parece también lejana. La cuestión es que se han contado tantos chistes sobre el desaliño o la distracción de Einstein que nadie podría inventar uno nuevo. Sí, he cambiado de tema. Einstein tenía dos paraguas, uno en su casa y otro en la universidad donde impartía sus clases. Cierto día, cuando la lluvia cae sin cesar, un estudiante le recuerda que debe llevarse el paraguas porque de lo contrario se mojará. Einstein responde que es muy olvidadizo y que precisamente es por eso que tiene dos paraguas. Sin embargo, le parece absurdo llevarse la sombrilla pues de ese modo tendría dos en casa y ninguna en la universidad. ¿De que valdrían sus precauciones si en la universidad no tiene un paraguas? Y dicho esto marcha desguarecido bajo la lluvia con rumbo hacia su casa.
Lo anterior lo ha narrado Kundera en un ensayo en el que también ha recordado las palabras de Gombrowicz acerca de la novela crítica: “entre más erudita más tonta es”. Qué necedad asociar la erudición con la tontería, aunque no puedo negar que en ciertos casos la relación es bastante justa. Aunque sólo en unos cuantos casos (más relacionados con el arte que con las ciencias). Una madre judía le obsequia dos corbatas de distinto color a su hijo. Cuando el hijo estrena una de ellas la madre inmediatamente pregunta: “¿Acaso no te gustó la otra?” Quiero decir que no se trata de un chiste, sino de observaciones irónicas acerca de realidades simbólicas profundas, es decir ¡chistes!, bromas, lugares comunes que cuando tocan la médula hacen evidente lo ridículo del vivir. Quizás por esa razón Kundera tituló La broma a una de sus novelas y quizás también por eso afirma que Kafka comienza su novela América contando un chiste que, en realidad, se extiende a todas sus obras. Contar chistes es una actividad nihilista pues la risa prevista no parece ser otra cosa que una cortina de humo para cubrir el vacío o la nada. ¿Qué es esto? ¿Acaso se puede cubrir el vacío?
Cierta vez, Rafael Pérez Gay me comentó que detestaba los chistes (no recuerdo si también detestaba a las personas que los contaban), pero de inmediato comprendí que ese desprecio compartido por mí podría deberse quizás al miedo de enfrentar nuevamente y de manera tan grotesca la nada. Por ello, Kafka eligió los procesos judiciales y la burocracia como la representación más aguda de la broma que nos hace la nada para recordarnos que la tierra firme no existe.
Como tantos escritores que acuden a la biografía para dar energía a sus novelas, el sudafricano J.M Coetzee ha relatado en su libro Verano, el desprecio que su padre acumulaba contra los presidentes o monarcas de los países africanos. Y ya que comencé este artículo hablando de diputados, no estará de más citar íntegramente las palabras del padre de Coetzee: “A los dirigentes de los estados africanos los despacha con la palabra ‘bufones’: tiranuelos que a duras penas saben escribir su propio nombre, que van de un banquete a otro en sus Rolls Royces con chofer que visten uniformes al estilo de Ruritania festoneados de medallas que ellos mismos se han concedido. África: un territorio de masas hambrientas y bufones homicidas que las tratan con prepotencia”. Estas palabras vertidas hace 40 años me hacen recordar lo que no deseaba recordar. ¡Los diputados! Me guardaré otra vez mis palabras hacia ellos, como se las guardó el padre de Coetzee que sospechaba que nada se podía hacer entonces y que lo más sabio era saltarse, mientras leía el periódico, las páginas de política para ir directamente a las de deporte o cultura. ¿Saben dónde está Ruritania? Averígüenlo y se llevarán una sorpresa.

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