sábado, 10 de noviembre de 2012

El PRI BUENO Y LOS INTELECTUALES

10/Noviembre/2012
Laberinto
Heriberto Yépez


Ignacio Sánchez Prado afirma que Krauze y EZLN, el 132 y Aguilar Camín, AMLO y Salinas, son emanaciones de una “matriz liberal”. Según él, la cultura política mexicana (y sus intelectuales) es presa del liberalismo.
Esa “matriz liberal” dicta que incluso oposición y grupos rebeldes idolatren al “Estado de derecho”. De acuerdo a su tesis, el llamado al orden liberal se traduce, por ejemplo, en que cada vez que el panorama es negro alguien cite la Constitución.
 Si hemos de discutir la promesa, o la imposibilidad, de una política radical en México, creo que aquí se encuentra el obstáculo fundamental: el impasse de un Estado de derecho absoluto que domestica cualquier pensamiento político desde su persistente e infinita reivindicación”.
Sánchez Prado es autor de Naciones Intelectuales: Las fundaciones de la modernidad literaria mexicana (1917-1959); editor de varios volúmenes y profesor de Washington University St. Louis.
Sus texto sobre la matriz liberal, y muchos otros, pueden consultarse en www.ignaciosanchezprado.blogspot.com
Sánchez Prado es uno de los analistas más interesantes de este momento. Sus intervenciones son clave.
Gusta de la polémica, y la ejerce dentro de las convenciones de la prosa académica, lo cual fortalece su seriedad analítica, y a veces domestica e institucionaliza su pensamiento.
En la expresión “matriz” liberal se asoma un error epistemológico: la hipóstasis.
Al hacer emanar de una constitución ideológica mexicana toda expresión cultural que analiza para su tesis, Sánchez Prado repite la lógica que critica. Decreta que revolucionarios e institucionales son uno. Para Sánchez Prado la jaula de la melancolía liberal no ha tenido afuera.
Además, su modelo es centrípeto y deja fuera circunstancias materiales. Compara textos, sin sus contextos. ¿De verdad es idéntico signo una indígena pidiendo se cumpla la Constitución y el enaltecimiento del Estado de derecho desde Los Pinos?
Al señalar que los opositores usen los mismos signos de sus opresores también liberales, ¿Sánchez Prado lamenta la falta de política radical o prepara una sutil apología de su imposibilidad?
La ambigüedad de su postura política lo pone a la derecha de la discusión.
Su postura arriesga ser un diagnóstico fatalista de que por más que los mexicanos lo intentan, al final del día, terminan volviendo al redil liberal, al PRI Bueno.
Sánchez Prado se ríe de los “liberales”, como un Zizek que, sin embargo, descree de Marx. Critica el liberalismo del PRI con la ideología del PRI: todo cabe aquí.
Al hacerlo sin política radical, elegir como blanco preferido la izquierda y opositores del gobierno y al ser marcadamente más benévolo con los intelectuales más cercanos al gobierno, la crítica de Sánchez Prado contra los “liberales” se mantiene dentro de la ironía neoconservadora.

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