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sábado, 8 de agosto de 2015

"LOS CHILANGOS ME ADORAN": VELAZQUEZ

8/Agosto/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Me opongo a lo que Carlos Velazquez representa. Decidí entrevistarlo.

¿Que respondes a quienes decimos que lo post-norteño que abanderas era lo que quería oír la Ciudad de México re-centralista?

“Cuando escribí La Biblia Vaquera era un don nadie sin conciencia ni concepción de la literatura mexicana. Lo ‘posnorteño’ es un intento por explicarme mi propia cultura. Pero no es creación mía. Posnorteños somos Élmer Mendoza, tú, yo. Si detonó en el centro es porque antes de mí existió una novela llamada Par de reyes [de Ricardo Garibay], el primer producto posnorteño”.

Crecientemente literatos defeños te detestan. ¿A qué se debe?

“Ignoro quiénes son esos literatos. A mí nadie me aborda. Mi editorial está en D.F., tuve una esposa chilanga, el quincenario Frente, que es mi casa, es chilango. La recepción crítica de mi obra se la debo toda al centro. Mi percepción es distinta. Los chilangos me adoran”.  

El experimentalismo que está en decadencia en USA, entra por alfombra roja en México. Hace poco defendías la narración convencional. ¿Dónde ves tus técnicas?

“Se cometen muchas atrocidades en nombre del experimentalismo. No defendía la narración convencional sino el narrar convencionalmente. Crear un tejido semántico. Contar una historia. De cualquier modo, ¿quién puede decir qué es una narración convencional? ¿Pedro Páramo? No creo. Soy un posmoderno que proviene de corrientes marginadas y que necesita tender puentes con otras tradiciones”.

Tus libros y periodismo construyen un voraz usuario de coca y un defensor de todo lo políticamente incorrecto. ¿Personaje o autobiografía?

“Si las sustancias forman parte de mi vida es porque soy adicto. Si no me dedicara a las letras de todas formas consumiría drogas. Nunca he entendido la referencia a mi “personaje”. Acudo a nadar 5 días a la semana, cuido a mi hija, produzco. Consumir coca es un privilegio ocasional. Si en este país las drogas fueran legales ese prejuicio estaría en segundo plano. La coca no escribe por mí. Soy incapaz de trabajar drogado. Si las sustancias forman parte de mi obra es porque soy un hedonista y me interesa explorar los placeres en la literatura”.  

Eres uno de los principales autores Millenial mexicanos. ¿Cómo ves tu lugar en 5, 15 y 50 años en la literatura mexicana?

“No me detengo a pensar en cómo me voy a percibir a mí mismo en el futuro, lo único que me preocupa es escribir libros a la altura de mis ambiciones, una obra sólida”

¿Cuál será tu siguiente libro?

“Este año saldrá mi primera novela. Su título provisional es El corrido del Santo Madero. Me he preparado toda mi vida para ese libro. Le he entregado los últimos cuatro años. He perdido todo, amistades, parejas, dinero, sueño, me ha mermado la salud. Ha trastornado mi existencia de manera radical. Ha valido la pena”. 

Carlos y yo tenemos puntos de vista opuestos. Pero lo estimo. Le deseo suerte con su novela. Seré el primero en leerla.

sábado, 4 de julio de 2015

LA VIUDA DE BORGES (Y SU DOBLE)

4/Julio/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Borges procuró ser un autor perfecto. Mediante prosodia y codificación, Borges atrapaba información, vidas e ironía en frases, enunciados y páginas cerradas. Lo borgeano es lo premeditado.

Una vez alcanzada tal perfección, Borges expulsó sus obras juveniles, laterales, barrocas o fallidas. Cuando Borges dispuso sus Obras completas, su selección y versión final confirmaron su voluntad de pasar a la posteridad sin giro o texto sobrante. Borges era un perfeccionista del estilo.

Pero Borges murió. Kodama, su viuda ignorante del principio borgeano-poundeano de la escritura como condensación y diestra del principio de reproducción de cualquier texto firmado por Borges, “rescató” todas las piezas de la cantidad descartada. Otro Borges fue publicado.

Borges escribía editándose; Kodama, re-editó a Borges, re-escribiéndolo. El principio de esta apropiación fue engordarlo.

Pero las leyes borgeanas debían imponerse. Kodama, al ampliar el conciso archivo borgeano, al tiempo que conseguía el éxito, procreó una culpa secreta: haber arruinado a Borges, desmesurándolo. Ella comenzó a atormentarse.

Y el espejo de la culpa, finalmente, la hizo generar un doble.

El doble tomó la forma de un joven escritor argentino, Pablo Katchadjian, que se encargaría de encarnar y ejecutar el principio inventado por Kodama (liberarla).

Katchadjian eligió el “El Aleph”, el cuento en que Borges narra la ruina de una máquina puntual para contemplar la realidad entera, apropiada por un escritor mediocre que la explota para escribir un poema engordándolo infinitamente.

Katchadjian secretamente pretendía ser Daneri y vengarse de Borges; Katchadjian, en verdad, era Kodama, buscando exportar su culpa en el doble.

La impresión de El Aleph engordado de Kachadjian buscó unas pocas manos; entre ellas, las de Kodama que una vez enterada de la entrega de sudoppelgänger y siguiendo la prefijada trama borgeana, lo denunció ante la Ley.

Sólo después de los laberintos judiciales de la burocracia latino-kafkeana, Kodama alcanzó su deseo perverso: provocar que su doble (el re-editor engordador de Borges) comenzara a soñar con la cárcel.

El público virtual, como debía, defendió a Katchadjian, sin sospechar siquiera que se trataba del doble de Kodama, su realizador.

Esta historia tiene varios posibles (o virtuales) desenlaces. En todos ellos, sin embargo, Kodama y Katchadjian alcanzan su objetivo secreto: destruir a Borges.

Hace algunas décadas, Kodama soñó que era Borges. Al despertar ignoraba si era Kodama que había soñado que era Katchadjian o si era Katchadjian y estaba soñando que era Borges.

Borges ha terminado; es ya imposible. Pero quedaron sus personajes sueltos. En este paulatino motín, cada uno desfilará y tomará su turno para patear el cadáver del dictador-demiurgo.

Al humillarlo, los personajes sueltos se vengan de Borges, cuyo cadáver gesticula una última risa seriada contra el nuevo cosmos patético.

sábado, 20 de junio de 2015

La literatura mexicana está en Nueva Zelanda

20/Junio/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Los escritores mexicanos actuales tienden a ser chic@s blanc@s y fresas. Allende está la literatura heterodoxa de México.

Uno de esos sitios es el poeta, narrador y crítico Rogelio Guedea (Colima, 1974).

De entrada, su obra resalta por su compulsividad: cuenta ya con decenas de libros, muchos realmente notorios.

(Su obra más reciente es la compilación Historia crítica de la poesía mexicana. Tomo 1, que quizá desate polémicas públicas o enojos privados).

Su poesía es tradicional pero llega a alcanzar una intensa sensibilidad lírica, poco común en su generación.

En sus novelas, Guedea se distingue por reinventar mundos mexicanos llenos de personajes e historias desde un tono de densa cercanía.

Conducir un tráiler41 y El crimen de Los Tepames aguardan ser debidamente reconocidas dentro de la novelística mexicana actual.

A diferencia de mucha literatura mexicana, Guedea no escribe desde un drón irónico que sólo sobrevuela, esquematiza o estiliza la realidad social.

Guedea escribe desde los nudos entre el lenguaje y el mundo. Escribe boxeando. Escribe desde el lance o la herida.

Este impulso asegura que escriba enganchado con las palabras y sus fantasmas. Así es cómo su literatura logra ser un registro de vivencias.

También lo pone aparte su relación con la política.

Mientras el escritor mexicano estándar o se cree apolítico (es decir, indiferente a que continúe el régimen de la desigualdad) o se limita a opinar abstracciones sobre la política (nunca tocando poderes concretos), Guedea, en cambio, lleva mucho tiempo dando luchas desde su periodismo, momentos electorales y redes sociales.

Al revisar su trayectoria en redes, por ejemplo, sorprende su sistemática denuncia de la corrupción en Colima (donde estos días se ha consumado un fraude electoral). Guedea es un escritor directamente politizado.

¿Cómo es que un escritor mexicano tan excepcional más bien ha quedado fuera de los (auto)retratos (de familia) del Nuevo Canon literario? La pregunta es ya la respuesta: Guedea no pertenece a los grupos que simulan ser la mejor literatura mexicana.

Guedea, además, vive ahora en Nueva Zelanda, donde trabaja en una universidad y, probablemente, vive una especie de exilio, porque su combatividad contra poderosas figuras seguramente le dificultaría vivir en su tierra natal.

Leer sus libros nos permite escuchar a un escritor que no es un mero emisor de gestos retro-semióticos en un mercado virtual de literaturas insustanciales, sino a una voz que escribe desde sus experiencias, obsesiones y destrezas.

Desde los noventa, la literatura mexicana paulatinamente se ha ido convirtiendo en un dosificado fraude electoral.

En un lugar distinto de ese fraude, se sitúa la obra de Rogelio Guedea, de lo mejor de la literatura contemporánea de México.

domingo, 10 de mayo de 2015

OCTAVIO PAZ: HOMENAJE Y PETRIFICACIÓN

9/Mayo/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Ricardo Cayuela, director de Publicaciones en Conaculta y ex editor de Letras Libres, aceptó que el gobierno y los paceanos están arruinando a Octavio Paz.

Estas declaraciones las hizo Cayuela a Yanet Aguilar Sosa de El Universal el 27 y 28 de abril.

Según Cayuela, los homenajes del 2014 y 2015 convirtieron a Paz en un “monolito horripilante”. Dijo que se dejó llevar por la “inercia” y “al final del año del Centenario me miro en el espejo y no me reconozco”.

Cayuela no se refirió a un evento aislado sino a toda la serie de homenajes desde  Ciudad de México hasta Madrid.

“Ninguno había leído a Paz… simplemente eran campanadas del poder puestas en un engranaje que ya no se detenía”, dijo refiriéndose al foro de Buenos Aires.

Pero al día siguiente de esas declaraciones, Cayuela otra vez no quiso reconocerse en el espejo y buscó desdecirse.

Ahora decía: “fue un evento muy exitoso… Esa sería mi postura razonada y sensata y lo que realmente creo”.

Obviamente, Cayuela en la primera entrevista habló confesándose y en la segunda quiso borrarlo debido a la gravedad de verlo publicado.

Lo dicho por Cayuela no es desconocido. Ya lo habíamos dicho otros: Paz ya fue oficializado de un modo que él mismo (voluntariamente oficial) juzgaría contraproducente.

La admisión de Cayuela, como funcionario paceano, confirma lo que también ya hemos dicho: el grupo paceano está en grave crisis de credibilidad, incluso ante sí mismo.

¿Qué será de lo pacentrismo en el siglo XXI?

1. La creciente oficialización de Paz generó una última generación (nacidos entre los 60’s y los 70’s) que para insertarse en la República de las Letras debían ser (oportunistas) paceanos. Y apenas murió Paz, declinó su aura y Letras Libres se volvió cada vez más laxa, se fueron desmarcando para no hundirse con el barco. Algunos regresarán al pacentrismo cuando haya cheque o spotlight. Pero hasta ahí.

2. Los últimos paceanos morirán con Letras Libres. El grupo que trabajó con él será la última línea de defensa paceana. Su propio prestigio depende de mantener a Paz en un altar institucional o, al menos, en un pedestal biográfico. Ese grupo no tiene escapatoria: si lo siguen idolatrando, lo oficializarán aún más; y si revisan su valoración, facilitarán el desplome.

3. La obra de Paz retendrá su función de referencia cultural nacional. Pero tanto en Sudamérica, México y Estados Unidos, Paz terminará identificado como la Poética Perfecta del PRI.

4. Al ser ya su oficialización irreversible, la obra de Paz en el siglo XXI ha dejado de ser atractiva para más de un tipo de lector. Los más reactivos la desecharán sin haberla siquiera leído; y los más críticos no lo tendrán como referencia central. Paz se quedará para lectores mediocres. Sin crítica genuina, se fosilizará.

En el siglo XX, Paz fue un cacique intelectual petrificante; en el XXI, un escritor petrificado por el espejo de su propia dictablanda.

domingo, 3 de mayo de 2015

EL PLOP DEL NEOLIBERALISMO ELECTRONICO

2/Mayo/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

El neoliberalismo electrónico es el gran ismo de las literaturas de inicios del siglo XXI.

Su efecto es convertir al autor en un selfie-entrepeneur (ego-emprendedor) en viral mercadotecnia de sí.

El libro ya es sólo parte de la publicidad. El verdadero producto es el escritor-mercancía.

La escritura pasó a la esquina y los selfies y pics, likes y comments son el centro de un intercambio de neo-capital selfinanciero y satisfacción instagramática acelerada.

La “muerte del autor” ha muerto; hoy vivimos la época del Autor como lifestyle (o estilística de vida) que nos informercializa cada una de sus reacciones, comidas, viajes, compras, entrevistas, amigos, eventos, listas y ocurrencias.

Al existir diaria y permanentemente en redes sociales, los escritores dejan de hacer obra. E intercambian renombre siguiéndose la corriente.

El problema clave de las redes sociales es que son plataformas y géneros estructurados para obtener popularidad.

Para ganar “seguidores”, el escritor se ve empujado a tener puntos de vista palomeables por su “comunidad” voyeur-clientelar. Cuando esta lógica se prolonga durante años, se produce un severo debilitamiento de los aspectos críticos con que contaba el escritor, pues para poder mantenerse dentro de Twitter o Facebook, ha tenido que gravitar hacia el más bajo denominador común de poses y textículos.

La literatura ha sido hecha por disidentes. Y ya no hay disidentes.

Escritores en aprietos caen en el consenso.

Las redes sociales homogenizan a los escritores. También mercado y gobierno. Por eso la crisis actual de la calidad literaria y el auge de los intelectuales light.

Antes se idealizaba al libro. Hoy se idealiza Internet.

E Internet es mayoritariamente porno. Y las redes sociales son la grafía del porno.

El neoliberalismo electrónico consiste en 24 horas continuas de especulación “literaria” basada en nombres no en textos; en apostar por carreras, no en construir una obra; en hacer menciones express, no lecturas reflexivas.

La literatura desaparece: no hacia algo más radical, como esperaron las vanguardias y contraculturas del siglo XX, sino que está transformándose en un mercado especulativo bursátil de subjetividades reactivas hipervinculadas.

Redes de escritor@s inflad@s publirrelacionándose entre sí.

Al convertirse en un sistema de especulación financiera, los escritores están ya sujetos a las leyes de este tipo de mercados neoliberales.

Ya hemos pasado del Boom (gran literatura absorbida por el mercado) al Crack (literatura de mediana calidad ofrecida a la especulación estado-mercantil).

Pero del Crack sigue el Plop: literatura de poca calidad usada para inflar redes de carreras insustanciales.

Y las propias leyes de estos mercados especulativos perfilan ahora el momento en que el reality check haga que toda la Bolsa Inflada de Valores Literarios reviente y estalle la burbuja: ¡PLOP!

sábado, 25 de abril de 2015

NOTICIAS DE LA FOSA

25/Abril/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Han desenterrado documentos que ponen en aprietos la versión (¡oficial!) de que Octavio Paz renunció a su puesto como embajador en la India por la matanza de estudiantes de 1968.

Obviamente quienes idealizan o reciben regalías de mantener a Paz como como un semi-santo literario, defienden la versión oficial.

Como nudo del nexo de Paz con el PRI, sus olímpicos herederos son hoy intelectuales predilectos de la llamada dictadura perfecta.

Criticar a Paz en el 2015 es más o menos fácil (aunque todavía infrecuente y casi nunca en libros o medios impresos); lo que resulta todavía riesgoso es criticar al aparato paceano que ha convertido a la literatura mexicana en repartidora de canonjías plurinominales mediante Letras Libres, por ejemplo, y funcionarios-escritores que consagran a quienes colaboran pasiva o activamente con ellos y/o el gobierno.

Parece haber un apoyo preferente a escritores convenientes: espaldarazos, puestos, premios, paseos: unos a alguna feria del libro en Buenos Aires, otros a Londres, para desfogar el descontento, y en cuyas listas hay pocos escritores sólidos, mientras el resto es izquierda-market focus, paceanos mirreyes, gentlemen y condesas semi-paceanas o, de plano, Comp@s Hipsters.

La literatura mexicana contemporánea aumenta su oficialismo y todos parecen cooperar.

Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, estos mismos días, recordaba que Noticias del Imperio la escribió Fernando del Paso trabajando en la embajada en París. 

Uno lee el texto preguntándose si se lo recuerda a del Paso. O si se le sale contar escenas extrañas, como la del Paso yendo a leerle su novela terminada y recibir la felicitación.

¿Se da cuenta de lo que está diciendo justo en este momento?

¿Y no era del Paso quien poco antes criticaba al gobierno por la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa? ¿Entonces?

En estos días, entonces, el gobierno homenajea a del Paso, y se dice que Noticias del Imperio es la mejor novela mexicana (sí, mejor que las de Fuentes, José Agustín, Montemayor y, sobre todo, Rulfo).

(La mejor novela mexicana después de Pedro Páramo es la novela mexicana que Los detectives salvajes no es).

 Y toda la incongruencia ética y toda la congruencia ideológica aumenta ante Fernando del Paso vestido de modo estrafalario (¿como Tío Sam?) para el homenaje oficial mientras el país se desmorona como un montón de flash.

Algo está podrido en el Estado de Dinamarca. Y son las élites de México.

¿Paz renunció o no a la Embajada? Qué más da El puesto del intelectual integrado a la dictadura perfecta continúa, siempre vacante y siempre ocupado.

No hay mes que no atestigüemos escenas de funcionarios y escritores mexicanos agarrados de la mano y que ante el abismo presente dan un paso al frente.

Pero no caen. Al contrario, vuelan en primera clase. Unos a Buenos Aires. Otros a Londres.

Y allá abajo en la fosa se escuchan gritos. ¿Son estudiantes? No, son 500 años.

sábado, 18 de abril de 2015

NAFTA Y POESÍA: EL ANTI-HUMBOLDT

18/Abril/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Son raros los nuevos poemarios en que hay una búsqueda crucial. Anti-Humboldt. Una lectura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte de Hugo García Manríquez (Aldus-Litmus Press, 2014) es quizá el poemario más interesante hecho por un mexicano en este inicio de siglo.

García Manríquez, además, es un traductor sistemático como puede conocerse en sus versiones de Paterson de William Carlos Williams y Mecha de enebros. La imaginación en el paleolítico superior & la construcción del inframundo de Clayton Eshleman, además de su participación en la compilación de las poéticas de Charles Bernstein. 

Sólo por su labor como traductor, García Manríquez debería gozar de un mayor reconocimiento. Pero ya conocemos a la literatura mexicana actual: hace todo lo posible para ocultar la realidad. 

Además, ¿pertenece García Manríquez a la tradición literaria mexicana? Como he dicho en otra ocasión, la primera parte de su obra sí. Pero el Anti-Humboldt ya está en otra órbita. 

García Manríquez migró a Estados Unidos y su obra está más cerca del experimentalismo norteamericano que de la “tradición de la ruptura” mexicana.

Y si alguien piensa que lo uno no excluye a lo otro es porque pertenece a la Tradición de la Ruptura, es decir, al PRI (la Revolución-Institucionalizada).

En Anti-Humboldt, García Manríquez tomó el texto del TLC y eligió palabras y frases, unas pocas por página, para constelar poemas. La técnica combina apropiación y borradura. Su selección se lee en negritas y el resto del texto en tenues letras grises. Lo hace con el texto en español y en inglés del TLC. 

Su primera dimensión es ofrecer una forma de leer el Tratado; una forma peligrosa pero que ni lo reivindica ni lo sataniza. Lo hace hablar y tartamudear abriéndole fisuras.

En su otra dimensión, ocurre una escritura, en que el Tratado se vuelve un escenario  para nombrar seres y describir relaciones; una pantalla de entrecruzamientos.

El léxico del comercio, la fragmentación y la visión de García Manríquez logran algo que parecería difícil: hacer poesía citando artículos del TLC. 

Poesía paratáctica, que a momentos parece hermética; como si entresacando pedazos, el TLC gritara algo segmentalmente.

No es azar que el epígrafe sea de George Oppen: se le escucha, como a la Language Poetry y al apropiacionismo. (El epílogo da pistas de sus lecturas y directrices).

Su materia verbal escapa al lirismo hispánico; partiendo del frío vocabulario del comercio neoliberal y su técnica editorial, García Manríquez hace que el propio acuerdo transfronterizo dé testimonio del daño.

Con Anti-Humboldt, García Manríquez abre paso a una ecopoética cruel, un experimentalismo bilingüe y una prosodia nueva.

Hay algo despiadado en esta obra: vuelve instantáneamente anacrónica a casi toda la poesía mexicana; que lo haga mediante el espectro del TLC la hace doblemente macabra.

sábado, 11 de abril de 2015

Bernstein y Rothenberg en México

11/Abril/2014
Laberinto
Heriberto Yépez

En la semana del 14 al 19 de abril estarán en la Ciudad de México dos de los poetas más innovadores de Estados Unidos (quizá los dos poetas norteamericanos vivos más innovadores): Jerome Rothenberg y Charles Bernstein.

Ambos participarán en el festival internacional Poesía en Voz Alta, organizado por Casa del Lago Juan José Arreola (UNAM). Leerán individualmente su obra y en otra fecha charlarán juntos.  

Rothenberg (1931) y Bernstein (1950) surgieron en dos momentos claves de la poesía experimental norteamericana.

Rothenberg se estableció como escritor en los cincuenta y sesenta, junto a la generación de los “Nuevos Poetas Americanos”, donde se incluyen los beatniks (entre otros grupos, algo que muchas veces se olvida en Latinoamérica).

Uno de los momentos más importantes de la obra de Rothenberg fue su creación de la “etnopoética”, una rama dedicada a investigar poéticas chamánicas, indígenas y primitivas del mundo en conexión con las vanguardias y contrapoéticas contemporáneas. 

Rothenberg cambió a la poesía norteamericana para siempre mediante sus antologías transversales y multitudinarias y su propia obra, siempre cambiante.

Charles Bernstein apareció en la literatura norteamericana en los años setenta haciendo un tipo de poesía influida por Gertrude Stein, los objetivistas, los formalistas rusos, Brecht y Derrida (y, en oposición, a la poesía beatnik).

Bernstein en 1985 escribió la primera versión de su ensayo-en-verso “Artificio de la absorción” que, en mi opinión, es el manifiesto de poesía más importante en Occidente después de los manifiestos surrealistas de André Breton y “Verso proyectivo” de Charles Olson.

(El manifiesto de Bernstein cumple 30 años este 2015).

Debido a lo seductor de su pensamiento, en los años noventa comencé a estudiar su obra y traducirlos y hace unos años Aldus publicó esos libros. 

Me refiero a Ojo del testimonio. Escritos selectos 1951-2010 de Rothenberg; y L=A=N=G=U=A=G=E Contraataca! Poéticas selectas (1971-2011) de Bernstein, que coordiné y co-traduje con Mario Bogarín, Hugo García Manríquez, Mayra Luna, Alejandro Espinoza y Ernesto Livon-Grosman, con un prólogo de Eduardo Espina.

Debido a que estos libros fueron impulsados por uno de los escritores más molestos para sus colegas mexicanos (es decir, su inservible servidor) no han recibido la atención debida. Pero estoy seguro que una vez que pasen a las librerías de usado se convertirán en libros de colección para futuros lectores y poetas en México y otros países. 

La presencia simultánea de Bernstein y Rothenberg en Ciudad de México es un evento histórico, que no debe pasar inadvertido, desaprovechado, por las personas abiertas a conocer la poesía norteamericana experimental que definió a una época.

Busquen la información de sus presentaciones y escúchenlos. 

Imagino habrá ejemplares disponibles para su venta. El tiraje fue pequeño; Rothenberg y Bernstein, enormes.

sábado, 4 de abril de 2015

Aullido a los 60 años

4/Abril/2015
Laberinto
Heriberto Yépez

Hace 60 años Allen Ginsberg compuso “Howl”, uno de los grandes poemas del siglo XX. ¿Cómo recordarlo en unos pocos teclazos de un periódico mexicano?

Al escribirlo, Ginsberg era un joven escritor desesperado y profético. “Aullido” captura esos polos.

No puedo comentarlo extensamente. Me limitaré a un detalle de su primer verso que creo nos dice mucho acerca de todo el poema, su forma y significado.

Dice su primera línea: “I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked” (“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas”).

En una primera versión, el verso no decía “histéricas” sino “místicas”.

En una versión posterior, Ginsberg describía a esas “mejores mentes” como “hambrientas, histéricas, místicas, desnudas”. Pero finalmente eliminó las comas y “místicas”, dejando en su lugar “histéricas”.

“Místicas” tuvo que irse porque las mentes, cuerpos, imágenes y relaciones que Ginsberg anotó, aunque buscan a Dios y lo sagrado, sufren por su separación; su crisis deriva de estar cercenados de Dios y no poder unírsele.

Conforme el poema avanza, Ginsberg busca cantarlas y cantarles como alabanza que las santifica y conduce a lo divino, pero la catástrofe civilizatoria y metafísica que el poema describe nos impide creer que la unión mística es alcanzada.

Ginsberg lo sabía y por eso lo “místico” fue eliminado y reemplazado por lo “histérico”, es decir, por el desasosiego y la partición interna que caracteriza a la histeria (menos clínica que posmoderna), lo fragmentario, desorganizado, expuesto.

No podía ser un poema teológico, místico, sino un poema de partes temblando, de un ataque nervioso, narcoliterario, psicopolítico.

Perder la conexión con lo divino (la conexión mística), sin embargo, no podía ser meramente remplazada con un despedazadero, una total fragmentación histérica. Por eso las comas también se fueron, porque al irse construyeron un gran bloque protector para esas mentes: “hambrientas histéricas desnudas”.

Lo histérico sustituyó a lo místico pero, al mismo tiempo, se unió a todo lo que lo rodeaba en el mundo, puesto que no podía unirse trascendentalmente con Dios pero sí podía fusionarse con el aquí–ahora inmediato, aunque lo solidario al lado estuviera herido, enloquecido, amenazado.

El propio título “Howl” —que como sustantivo es “aullido” y como imperativo “aúlla”— contrasta con otra palabra final — “Who” (“Quienes”)— que da orden a una buena parte del poema, y con la palabra “Holy” (“Santo”) que le da fin y que juntas son las anáforas (expresiones que se repiten al principio de los versos) que son la marca misma de “Aullido”.

Lo que aúlla, entonces, es lo histérico, aquello que perdió la conexión religiosa–mística. Lo que aúlla es el cuerpo que destrozado sigue llamando a lo divino.