domingo, 15 de junio de 2014

Un enano en una maleta, un amante en el refrigerador, el comunista, la rata y tres presos apandados

15/Junio/2014
Jornada Semanal
Ana García Bergua

José Revueltas estuvo en prisión en tres ocasiones: en el Reformatorio y la cárcel de Belén y Santiago en su adolescencia; dos veces en las Islas Marías y posteriormente en Lecumberri, a raíz de su participación en el movimiento estudiantil de 1968, del que se declaró dirigente para que se exculpara a los estudiantes. Al leerlo me han interesado mucho algunos elementos en los que lleva a la locura la claustrofobia del encierro, transformándola en un elemento grotesco, casi humorístico, casi patético y al final de cuentas muy efectivo. Es el caso de El apando, el célebre  relato que José Revueltas publicó desde la cárcel en 1969, en el que los presos “apandados”, es decir recluidos en la celda de castigo, pelean por una rendija por la que tuercen la cabeza tratando de atisbar a los policías que uno de ellos ve como monos tras las rejas y la prosa de Revueltas lo convierte en una única cabeza o un ojo único, “la cabeza sobre la charola de Salomé, fuera del postigo, la cabeza parlante de las ferias, desprendida del tronco –igual que en las ferias, la cabeza que adivina el porvenir y declama versos, la cabeza del Bautista, sólo que aquí horizontal, recostada sobre la oreja–, que no dejaba de mirar nada de allá abajo al ojo izquierdo.”
Adentro del apando hay otro preso apodado El carajo, deforme, cojo y tuerto, al que su madre visita y los otros convencen de que les traiga droga “enredada en las verijas”. El Carajo me parece un poco pariente de otro personaje encerrado, terrible, genial y también grotesco de Revueltas: Elena, es decir el enano, que aparece en su última novela publicada, Los errores, calificada por unos críticos como la mejor armada de las que escribió y por otros como una novela sin tanta vida como Los días terrenales, por lo mismo. Este personaje es encerrado por el hampón Mario Covián en una maleta para asaltar al usurero don Victorino, como una especie de mini caballito de Troya. A mí me parece que la presencia de Elena en Los errores le da a la novela un aire verdaderamente literario, más allá de la metafísica materialista y el conflicto dostoievskiano que Revueltas desarrolla en toda su obra. Es un elemento un poco absurdo, casi surrealista, que funciona para tensar la trama –durante gran parte de la novela sabemos que Elena está encerrado en la maleta, esperando a que salga don Victorino del despacho, y en ella bebe, ronca, se ríe y se mea, en aquella oscuridad a la que sólo él pertenece y que es su universo– y le da a la novela otra dimensión más allá de los conflictos entre el hampón y sus mujeres, y los de los comunistas expulsados y mandados asesinar por el propio Partido.
También en Los errores hay otro episodio en el que el comunista Olegario rememora su huida de la cárcel por el conducto del desagüe, entre los desperdicios, perseguido por las ratas que le mordisquean los tobillos y se le trepan por las piernas. La escritura de esta parte de la novela es magnífica, especialmente angustiosa y en ella las ratas (una de ellas aplastada por el propio Olegario) juegan ese papel siniestro, irracional y a la vez paradójicamente estético, en el que asoma la literatura.
El enano en la maleta funciona como el amante en el refrigerador del cuento “La sinfonía pastoral”, que se encuentra en el libro Material de los sueños. Este cuento, según don José Luis Martínez “acaso excesivamente estirado”, trata de una pareja que va al cine a ver la película basada en el libro del mismo título de André Gide. El marido, importador de carnes, ha invitado a su mujer luego de sorprenderla escondiendo al amante en el enorme frigorífico congelador de carnes. Ella no sabe si él sabe y así ven la película, que resulta ser una tortura para la esposa, atenazada con la imagen del hombre que ama muriéndose entre los costillares de cerdos y reses colgados, al que no puede salvar. Aquí no sabemos qué siente el amante, como sabemos lo que sienten y viven los presos en el apando o el enano en la maleta, pero ese sufrimiento queda, por omisión deliberada, en la imaginación del lector, obligado a escribir esa parte para sí mismo.
Siete encerrados siete (con la rata), productos del genio de Revueltas, quien seguramente meditó mucho al respecto en la cárcel y por cierto escribió: “Quien no puede soportar la desesperación de la cárcel es que tampoco puede soportar la desesperación de la libertad.”

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