sábado, 17 de octubre de 2009

Historia del becario ingrato

2009-10-17
Suplemento Laberinto
Heriberto Yépez

Lleva semanas la campaña contra el escritor Rogelio Guedea de parte de defensores de Miguel Ángel Aguayo, rector de la Universidad de Colima, a quien Guedea señala por actos de corrupción.

Además de la información que ha salido a relucir llama la atención la estrategia para censurar o amedrentar su crítica.

A Guedea lo han querido sobornar. No aceptó y continúo su crítica hacia la corrupción por medio de prensa e internet, entonces, por medio de prensa e internet la campaña contra él continuó.

Lo volvieron el “becario ingrato”. Según esta lógica, si Guedea ganó una beca tuvo que ser del mismo modo que los funcionarios corruptos obtienen sus puestos: sin mérito o competencia.

Además resulta que ser becario implica no sólo que eres corrupto —si tienes beca pecas— sino que una beca no es una beca sino una mordida para taparte el hocico.

Y si eres becario y eres crítico —y eso es incongruente en la moral mexicana culpígena— entonces, ¿qué más buscas? Nadie puede ser crítico porque tenga convicciones o, digamos, crea que la obligación de un escritor o artista sea precisamente ser crítico, no, ¡qué va! El crítico algo quiere —averíguame, Pancho, cuál es su sueño— y si resulta que no es soñador o que critica para “llamar la atención” —y ahí la mitad del electorado se une al corrupto, porque en México nos choca que alguien levante la mano—; ‘tonces, a darle con un palo hasta bajarle lo ego-huevos.

Estas últimas semanas ha sido Guedea. Ayer ustedes, yo o ella. Mañana, tú.

Hay una regla no escrita entre los premios, publicaciones, becas o distinciones que otorga el Estado y quienes las reciben. La regla dice: te tienes que sentir culpable (comprado).

Como te vas a sentir culpable (comprado), es una mordida de facto.

Si quieres criticar algo, alguien te va a acusar a ti de ser parte del sistema. No importa que hayas ganado compitiendo con decenas o centenares, ¡no!, lo importante es que te sientas culpable y no abras la boca en asuntos reales. Punto.

Eres privilegiado, ergo, no te quejes.

Y como en México todo se trata de pureza, si criticas, se alegará que te sientes más puro. Y como todos semos “impuros”, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, reza el Evangelio de la Santa Impunidad.

Un intelectual está obligado a ser crítico. Y será atacado por los guardianes del amo, resentidos y conexos.

Guedea gana beca. Identifica un acto de corrupción. Lo denuncia. A Guedea le va a llover.

Le aconsejo que lo disfrute. Sufrir es cristiano.

Guedea, entonces, a lo tuyo. Y no te quejes o sientas muy macho. Criticar no es ningún mérito. Ni para criticar hay que ser héroe o santo.

Para eso te pagamos los ciudadanos: para que hagas tu trabajo: no quedarte callado.

Por último: escríbelo bien. Así, si el país no cambia, al menos, la lengua avanza.

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