martes, 6 de diciembre de 2011

Monsieur Teste a prueba*

3/Dciembre/2011
Laberinto
Evodio Escalante

Que los textos valgan por ellos mismos, sin necesidad de remitir a la persona que los escribió. El “eclipse” del sujeto moderno es uno de los supuestos de la crítica literaria desde los tiempos del estructuralismo francés que le dio la vuelta al mundo a partir de los trabajos de Claude Lévi-Strauss en el campo de la antropología, y de Roland Barthes en el de los estudios literarios. El texto por sí mismo, el puro juego de las estructuras, el enunciado sin el enunciador: ésta ha sido la divisa que continúa dominando, y me parece que para bien, en los ámbitos de la academia universitaria.

Mi lectura del Canto a un dios mineral ha querido sujetarse a esta regla. La figura de Jorge Cuesta, sin embargo, o mejor dicho, la de su “leyenda negra”, es al mismo tiempo tan singular y tan poderosa que no es posible sustraerse a una indagación de tipo personal, máxime cuando incluso los editores de su obra abonan documentación y argumentos que inciden en el tema. Si hemos de hacer caso a lo que se dice en la famosa “Carta al doctor Gonzalo Rodríguez Lafora”, que Cuesta escribiera para inconformarse del diagnóstico emitido por el especialista, los delirios del escritor mexicano estarían motivados por “una inclinación homosexual reprimida”. El dictamen parece benévolo si se lo compara con lo que Guadalupe Marín, su ex-esposa y madre de su único hijo, llegó a ponderar dentro de su novela autobiográfica La única (1938). En la portada de esta novela, realizada por quien fuera su anterior esposo, el pintor Diego Rivera, podemos ver una inquietante mujer con el torso desnudo que se bifurca en dos cabezas, y que como una Salomé de la época vanguardista ofrece al espectador en bandeja de plata la cabeza cercenada del intelectual Jorge Cuesta. El toque “sacrificial” que la portada anticipa, se confirma a lo largo del texto, donde la autora, según el resumen que ofrece el psicoanalista Jesús Martínez Malo, deja entrever, entre otras cosas: las pulsiones homosexuales de Cuesta, quien se habría enamorado de Xavier Villaurrutia; sus inclinaciones incestuosas, no sólo hacia su hermana Natalia, sino también hacia la progenitora de sus días; y, por último, los intentos por violar a Isabel Marín Preciado, hermana de la autora… a lo que habría que agregar las amenazas de suicidarse, proferidas por el propio Cuesta, con el fin de lograr su propósito erótico. Las “habladurías” a cargo de la voz anónima, y que por eso tienden a magnificarse, incluyen otras notas que consolidan la leyenda maldita del poeta mexicano.

En lo que concierne al asunto de la homosexualidad, Víctor Peláez Cuesta, en su texto titulado “Cuesta, el hombre” que puede leerse en las primeras páginas del tercer tomo de las Obras reunidas, señala con una lógica que me sigue pareciendo inexplicable: “Es sabido que en el grupo de Contemporáneos la homosexualidad no era un tabú. Se conoce una carta que Jorge Cuesta le dirigió a Xavier Villaurrutia, en la que le revela sentimientos amorosos. Aun cuando Jorge Cuesta haya experimentado esos sentimientos hacia Villaurrutia, no es ni reprochable ni es prueba alguna de homosexualidad” (sic). ¿En qué quedamos? ¿Hace falta otra cosa que revelar “sentimientos amorosos” hacia una persona del mismo sexo para que pueda hablarse de homosexualidad? Según el criterio de Víctor Peláez Cuesta, conjeturo, la mencionada carta no podría probar nada porque se trata sólo de un texto o, todavía mejor, de una fantasía: la verdadera homosexualidad implicaría… ¡el acto consumado! Todo indica, en efecto, que el acto sexual no tuvo lugar, pero no porque Cuesta no quisiera, sino porque Villaurrutia escabulló la propuesta. Transcribo la parte medular de la carta. Le pregunta Cuesta a su amigo Villaurrutia, quien se encuentra entonces disfrutando de una beca en Yale: “¿No se apiadó Ud. de mí porque lo quise? Es claro que no se apiadará de mí porque tenga que odiarlo”. A lo que agrega, en el párrafo que sigue y con el que concluye la carta: “Para mí fue así; al amor que le tuve le hizo Ud. la confesión de la impotencia. Dios quiera, Xavier, que al odio que le tengo le haga Ud. la confesión de su fuerza”. O sea… que Cuesta no había perdido del todo la esperanza. Sin comentarios.

Los otros temas escabrosos son la locura, el intento de castración y el suicidio, obvio decir que se mezclan entre sí y que son parte de una misma madeja. En cuanto a lo primero, Jesús Martínez Malo establece: “La locura toca lo más esencial del sujeto, y Jorge Cuesta la conoció y la vivió en forma por demás desgarradora, lo cual no tiene por qué ser un estigma a su persona ni demeritar en lo más mínimo su obra y su muy vigente legado intelectual y crítico”.

De acuerdo. Este franco y pleno reconocimiento de la locura de Cuesta, empero, se enturbia del todo en la redacción de Martínez Malo cuando éste acaba por sugerir que fue la exposición pública de sus problemas sexuales (aquí el motivo sería de Guadalupe Marín, por publicar su novela) así como el diagnóstico a priori e intuitivo que habría realizado el médico Rodríguez Lafora… ¡los que habrían sido responsables en última instancia de la locura de Cuesta! Curioso caso de inversión de los términos que los antiguos retóricos conocían con el nombre de preposteración: lo que era efecto se toma por la causa, y la causa se toma por el efecto. Dicho de otro modo: los patos le tiran a las escopetas. Las palabras textuales del prologuista no me dejan mentir: “La imputación y la divulgación hechas por Guadalupe Marín de la supuesta homosexualidad y el diagnóstico ‘a priori, intuitivo’, del doctor Lafora de ‘una inclinación homosexual reprimida’ tuvieron efectos y consecuencias en la locura de Cuesta”.

En síntesis: a Cuesta lo volvieron loco la Marín por dar a las prensas sus infundios, y el médico español… ¡por diagnosticarlo con tanta premura! ¿Alguien podrá dar crédito a este intento explicativo?

Los efectos perversos de la exhibición no terminan aquí. Si hacemos caso a Martínez Malo, incluso el intento de emasculación de Cuesta tiene el mismo origen externo, quiero decir, social. Tal cual: “El continuo imputación-divulgación tuvo otro efecto. Tiempo después de la carta a Lafora (desconocemos cuánto tiempo después, tal vez entre el que habría de ser el segundo y el tercero de sus internamientos), Jorge Cuesta llevó a efecto un acto en el que también su sexualidad estuvo implicada. Estando solo en una de las casas en las que vivió, se clavó un instrumento punzante en los testículos (ni se acuchilló, ni mucho menos se seccionó los testículos o el pene)”.

Subrayo con intención la frase que contiene el efecto que según este “razonamiento” tuvo en Cuesta la nefasta conjunción de la dupla Marín-Lafora.

El intento de emasculación, empero, se asocia a otro aspecto difícil de manejar: ¿Cuesta quiso suicidarse de esa manera? Martínez Malo informa: “Como consecuencia de la herida que se produjo, hubo necesidad, al parecer, de realizarle la ablación de los testículos”. A lo que agrega, ahí mismo, con ánimo evidente de tranquilizar conciencias: “Si la intención de Cuesta hubiera sido el suicidio, seguramente lo hubiera intentado de otra manera y no clavándose un instrumento punzante”.

No hay duda, al menos en este orden de ideas, que Cuesta quiso dañar sus genitales. ¿Para completar la inusitada transformación sexual que según él se estaba produciendo en el escenario de su propio cuerpo debido a las enzimas que tomaba?

Lo que se desprende de la “Carta al doctor Gonzalo Rodríguez Lafora” va mucho más allá de todo lo que aquí se ha comentado.

Homosexualidad, incesto por partida doble, intentos de violación, delirio paranoico, acuchillamiento de los órganos sexuales y, por fin, suicidio como corolario negro de este itinerario de aberraciones. Todo esto parece apenas un pálido agregado en el marco de una pulsión sexual tan poderosa y tan peculiar que terminó por inducir en el cuerpo de Cuesta un verdadero estado intersexual, si hacemos caso de sus propias palabras. Se trate de un proceso de hermafroditismo evolutivo, o bien del devenir-mujer del personaje, en cualquiera de los dos casos estamos ante algo asombroso que sólo tiene explicación en la lógica del delirio que asaltaba la mente de Jorge Cuesta, y que comporta repercusiones no del todo subliminales en las liras del Canto a un dios mineral, como intenté señalar en el transcurso de mi trabajo.

En el texto que le dirige al médico Rodríguez Lafora, Cuesta lo anota con todas sus letras: “Yo le expuse a usted que el carácter que habían tomado unas hemorroides que me afligen desde hace diez y seis años me habían dado el temor de que se tratara de una modificación anatómica, que tuviera caracteres de androginismo, como se acostumbra llamar a estas modificaciones, o de estado intersexual, como también se acostumbra llamarle”.

El enojo patente de Cuesta es porque el médico, en lugar de revisar su zona anal-genital y comprobar in situ y como corresponde a un hombre de ciencia los cambios anatómicos de que le hablaba su paciente, prefirió hacer un diagnóstico a partir de sus conocimientos del psicoanálisis freudiano. “Así, pues —continúa Cuesta—, concluyo, en general, que usted desechó la observación del padecimiento que me aflige, y por cuyas manifestaciones fisiológicas no se interesó usted, después de considerar que ya era absurdo en lo anatómico, para atender a un padecimiento mental o nervioso, constituido probablemente por una obsesión sexual, originada en una homosexualidad reprimida, y acompañado de un hipertiroidismo que (en caso de comprobarse) para usted tiene también una importancia neurológica en este caso, y no morfogenética como podría serlo tratándose de un padecimiento ‘hormonal’ ”.

La adquisición de un estado intersexual, según Cuesta, podría deberse a que en los últimos meses, según manifiesta al médico, estuvo ingiriendo “substancias enzimáticas” que preparaba por un procedimiento de síntesis que él mismo había descubierto “con el objeto de experimentar en mí mismo su acción desintoxicante”. En tanto que el médico encuentra absurdas las explicaciones de Cuesta, éste se ve obligado a replicarle en plan más que categórico: “No soy y quien imagina que hay estados intersexuales, que se manifiestan anatómicamente. Ni soy yo quien expresa que la forma de esta manifestación anatómica puede ser, en unos casos, una desviación o degeneración de la próstata”.

Para concluir, me parece interesante destacar esta perpendicular melancólica de la carta. Cuesta habla de una desviación o degeneración de la próstata. A mi modo de ver, el tema de la emasculación se anticipa ya de manera fantasmal en estas frases. ¿Qué puede ser una próstata “desviada”? ¿Una vagina en formación? ¿La degeneración de la próstata conduce por caminos insospechados, quiero pensar, a la formación de un útero? A la luz de lo anterior, me gustaría decir que quizá Cuesta no se acuchilló en absoluto: lo que intentaba era acelerar el proceso de modificación que su cuerpo de cualquier modo ya había iniciado con mucha anticipación; lo que quería era completar (con una leve intervención manual) el proceso desintoxicante que las enzimas descubiertas por el ingeniero químico habían desatado en una precisa porción de su anatomía.

Como quiera que se la considere, más allá de que haya surgido o no como manifestación imaginaria de una pulsión homosexual tan devastadora como irrefrenable, la historia de la transformación corporal de Cuesta es pasmosa. La noción de contra-naturaleza, exaltada según la interpretación de Cuesta por Nietzsche en sus textos filosóficos, el autor del Canto a un dios mineral la vive y la experimenta en su propio cuerpo por la vía insensata de la locura que conduce a la aniquilación.
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*Apéndice de Metafísica y delirio, un acercamiento a Canto a un dios mineral.

Así escribo: Héctor Aguilar Camín

Noviembre/2011
Nexos
Héctor Aguilar Camín

No sé qué decir del escritor que se llama como yo. Sé que ha vuelto a escribir desordenadamente, como al principio de sus días de escritor, movido sólo por el gusto o la compulsión de hacerlo Escribe sin fe en lo que escribe, en las horas libres, por lo general las últimas de la noche o las primeras de la mañana, y está lleno de fragmentos que no van a ningún lado.

El escritor de que hablo, yo mismo, quisiera tener entre manos un libro largo, para ocuparse de él como las mujeres embarazadas de su estado: sin espacio para más. Conoce el estado de gracia que es estar metido en un libro largo. Ha sido un escritor disciplinado capaz de escribir varias horas cada día y no leer sino para nutrir lo que escribe. Pero no es ése el escritor que es ahora. Es otra vez un principiante en busca de su libro.

Quisiera decir que hay un placer en ese regreso, pero no lo hay. Hay una melancolía que se atreve a decir su nombre y que no se detiene sino cuando él se fuga hacia ocurrencias y argumentos en los que no cree: frases, notas, este principio o aquel. Padece un embarazo de tantos libros que no crece ninguno.

Todo esto tiene que ver con la muerte de su madre, ocurrida hace seis años. Esa muerte lo separó del tribunal invisible ante el que comparecía con sus libros, el tribunal fundador de su escritura. Solía decir que se hizo escritor de la mano de su madre y de su tía, por contagio de sus bocas. Es decir, para cumplir el mandato venido de aquellas hermanas que contaban una y otra vez la historia del regreso del loro que el ciclón se había llevado por los aires en Cuba, la historia de la noche que mataron a Pedro Pérez, la historia de la tragedia que la hermana mayor leyó en una baraja española y vio cumplirse luego en Camagüey y la historia central de la familia, la historia de la destrucción del jefe de casa por su propio padre.

Para imitar estas historias se había hecho escritor. Para llevar sus propias historias, en busca de aprobación, al lugar desde donde hablaba su madre. Pero ahora su madre había muerto, catorce años después que su tía, y no había jueces en ese Olimpo por cuyo reconocimiento trabajó todos estos años, como el esclavo que ignora sus cadenas mientras las tiene y no sabe qué hacer cuando las ha perdido. Éste es el sinsentido que empezó a rondarlo desde la muerte de su madre hasta devolverlo, viejo y escéptico de sus dones, al lugar del inicio, a la abundancia sin forma de su juventud.

Había empezado a escribir a los quince años sin saber lo que buscaba, con la certidumbre de que tarde o temprano llegaría al lugar de la epopeya que había en la boca de su madre. Poco después de la muerte de su madre, entendió que no le quedaba ninguna historia que contar sino la que había tenido enfrente toda la vida, la historia de la pérdida del reino de su padre a manos de su abuelo. Pasaron dos años, terminó otro libro, y empezó a trabajar.

La bitácora de versiones de su computadora indica que en marzo de 2008 había escrito el primer capítulo de esa historia. En mayo, había terminado el segundo. En junio, estaba por completar el tercero, y tenía cien páginas de notas. Había entrado en el estado de gracia de traer entre manos un libro largo.

Y entonces, un día, la magia se fue, el encanto del libro se deshizo en el aire y empezó a descreer. Un día, regresando de ver a su padre, que vivía a unas calles de su casa, en su propio nirvana indoloro de noventa y tres años, pensó que los padres son los exigentes dioses familiares a quienes los hijos llevan la ofrenda de sus logros. Dioses insaciables, a los que nunca se acaba de convencer pues la especialidad interminable de los hijos es fallar ante la mirada de sus padres.

Entendió entonces lo que escribe ahora: que el duelo por su madre era la suspensión del tribunal donde había comparecido toda su vida con sus libros y que, ido el tribunal, la idea misma de ser escritor había dejado de tener sentido. Desde entonces no escribe sino por gusto o compulsión, en las horas libres, picando aquí y allá las historias que asoman a su cabeza, entre ellas la historia esencial cuya escritura ha interrumpido.

lunes, 5 de diciembre de 2011

“El despotricador de la vida mexicana”

5/Diciembre/2011
El Universal
Alida Piñon

El escritor y periodista Guillermo Sheridan, “se ha dedicado a decir cosas horribles de México”. Por ejemplo, en el 2006 escribió una crónica del plantón de Andrés Manuel López Obrador, en la que recogió una declaración del entonces candidato a la presidencia: “Le tengo un profundo amor y admiración al pueblo de México, que es gente muy noble y muy buena, lo mejor que tenemos en México”.

Enseguida, el ensayista sostuvo en su escrito: “No estoy de acuerdo. El mexicano es, por lo general, ignorante, violento, tonto, fanático, corrupto, ladrón, caprichoso, sexista, temperamental, alcohólico, arbitrario, golpea a sus hijos y a las mujeres, idolatra el ruido, tira basura, nunca ha respetado el derecho ajeno, se pasa los altos, compra y vende piratería, zarandea a los peatones, le gusta caminar por el arroyo vehicular más que en las banquetas, desprecia la ley, no sabe aritmética elemental ni tirar penales. Tenerle amor a esto es masoquismo o demagogia”.

A él, al “gran despotricador de México”, al “satírico de la vida de México”, se le rindió ayer el Homenaje Nacional del Premio Periodismo Cultural Fernando Benítez 2011, reconocimiento que cada año otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En la ceremonia de entrega del galardón que lleva el nombre del destacado periodista cultural mexicano, después de recordar la anécdota de la crónica sobre el plantón, Jesús Silva-Herzog Márquez sostuvo: “A este despotricador es a quien le han dado el homenaje, supongo que le entregan este premio no por ser el investigador meticuloso de la literatura mexicana, estudioso de Los Contemporáneos, explorador tenaz de las hemerotecas, sino porque es el crítico de las costumbres, el crítico que escribe sobre su horno de microondas, sobre la gordis en la universidad, las costumbres de los priistas, el lenguaje de los ricachones”.

Al reconocimiento se sumó el crítico Christopher Domínguez Michael, quien además de coincidir en las apreciaciones de Silva-Herzog, añadió que Sheridan, además de un gran estudioso de la literatura mexicana, es el gran satírico de la vida mexicana.

Halagos y méritos

En su oportunidad, Sheridan, quien es colaborador de esta casa editorial, leyó uno de sus textos sobre las incoherencias de la nomenclatura de las calles de la ciudad de México, aseguró que no merecía el premio y agradeció a los organizadores de la FIL la distinción.

“El hecho de que me pongan en esta lista personas a las que casi no conozco -por lo menos a la mayoría de ellas – y que encuentren mérito en mi trabajo es algo que me halaga muchísimo, pero espero que algún día me digan cuáles son esos méritos”, dijo.

Después recordó cómo fue que empezó a trabajar con Fernando Benítez y como escribió textos periodísticos que causaron controversia en los lectores.

“Escribí sobre teatro y la gente que de ese medio me aborreció, luego me fui a vivir al norte y escribí sobre cómo eran las cosas ahí, la gente también me aborreció; luego viví en Francia y el embajador de México presentó una queja formal, cosa que me honra porque era un imbécil; luego escribí sobre mis experiencias en la universidad y hubo gente que me aborreció. Quiero pensar que –aunque pueda sonar jactancioso- esta trayectoria negativa tiene algo que ver con mi libertad”, afirmó.

Otros galardones

Al término de la ceremonia, se realizó entrega el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Entre los reconocidos, Luis Guillermo Hernández, colaborador de EL UNIVERSAL, obtuvo una mención honorífica.

Finalmente, unos 100 jóvenes que dijeron pertenecer al Frente Autónomo Universitario, se levantaron de sus asientos para lanzar gritos contra Raúl Padilla, presidente de la FIL, asegurándole que la Universidad no debe privatizarse.

Ante todo esto, Sheridan, el satírico, sonreía jocoso.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Radiografía de la crítica literaria

26/Noviembre/2011
Babelia
Winston Sabogal

Al aura polémica y de crisis casi connaturales de la crítica literaria se suma la pluralidad de espacios en la Red y tecnologías emergentes sobre cómo ejercerla y divulgarla. El juego es el mismo, las reglas apenas han cambiado, pero los tableros son otros; y un jugador pugna por ganar protagonismo: el lector anónimo y el personaje o famoso de turno.

La crisis económica y el avance del mundo dual, analógico y digital remueven los pilares de la crítica literaria. Sobre su estado reflexionan 22 críticos y directores de los suplementos literarios más prestigiosos de Europa, Estados Unidos, América Latina y España. Un debate coral que invita al análisis y entabla un diálogo con los lectores.

Algunas de las conclusiones sobre este paisaje en continua transformación se pueden dividir en tres apartados: 1. La reducción de páginas y espacios dedicados a la crítica, las directrices o filosofía de cada medio sobre la clase de textos que quiere brindar y la aparente mayor concesión al mercado en detrimento de la calidad. 2. La revisión del ejercicio de la propia crítica a la cual le faltaría independencia, valentía, compromiso, rigor (ser menos complaciente) y profundidad (dar más elementos de valoración). 3. La pérdida de la influencia de la crítica literaria justo ahora cuando más se necesita en una era de sobreinformación y proliferación de canales que distorsionan y tienden a igualar el arte, a lo cual se suma la confusión ante la democratización de la crítica desde la plaza virtual.

En línea con ese mundo dual, este trabajo se presenta de tres maneras complementarias: 1. En la edición impresa el protagonismo es para nueve temas con las respuestas más clarificadoras. 2. En la edición digital el foco recae en los participantes, ya que junto a este texto se adjuntan todas sus respuestas. 3. Los lectores tendrán la palabra en el blog de Babelia, 'Papeles perdidos', a través de un debate que se abre hoy (http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/).

I. FUNCIÓN DE LA CRÍTICA

Marie Arana

Escritora, exdirectora literaria del desaparecido World Book, de The Washington Post, y su actual escritora principal (Estados Unidos)

El crítico literario es un guardián cultural, un juez que ha leído mucho, conoce el canon literario y posee una amplia variedad de experiencias con muchos géneros. Nuestro trabajo consiste en actuar como lectores serios. Nuestro objetivo debería ser el de ubicar un libro, juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria. Somos informadores, educadores y animadores, todo en uno. Deberíamos ser concienzudos, interesantes, reflexivos. Es sobre nuestros hombros donde se sostiene la cultura del libro. Somos la conexión entre los escritores serios y los lectores serios. De nosotros depende que esa conexión siga siendo fuerte, esencial y vibrante.

Claire Armitstead

Editora literaria de The Guardian (Reino Unido)

Es una parte vital de la economía cultural. Una de las pocas formas capaces de poner un espejo delante de nuestra sociedad y sus valores. Tiene un valor social.

Jordi Gracia

Catedrático y crítico de Babelia de EL PAÍS (España)

Su función es muy modesta, y sin embargo tiene pleno sentido, y es insustituible en una sociedad civilizada: la capacidad de discutir, desmenuzar, impugnar, rebatir o elogiar los libros que se publican es casi la función natural de la vida intelectual privada y, por tanto, también pública.

Alberto Olmos

Escritor y crítico, gestiona el blog Lector Malherido y bloguero de Hikikomori (España)

La crítica debería hacerse fuerte en dos funciones concretas: 1. Señalar los libros que, puntualmente, reflejan el espíritu de su tiempo y que ningún lector debería perderse. 2. Contrarrestar el éxito de otras novelas que, menos puntualmente -de hecho, de forma habitual-, embrutecen el acto mismo de leer y abaratan el arte literario. Esta segunda función es la que la crítica literaria actual en España ha dejado por completo de satisfacer, ya sea por esnobismo, ya por presiones empresariales, ya por cobardía.

II. ESTADO Y DIAGNÓSTICO

Bernard Pivot

Periodista, crítico y divulgador cultural de programas de televisión como Apostrophes (Francia)

Respecto a la crítica que he conocido hace cincuenta años, tiene menos espacio, pero sigue existiendo. Incluso a veces vivaz. Cuando la crítica literaria está agrupada tiene una influencia importante. Cuando está aislada no tiene el poder que puede tener un programa de televisión e incluso de radio. Aunque no creo que la crítica literaria haya evolucionado mucho, salvo que tiene menos espacio. Se le pide sobre todo a los periodistas que escriban artículos menos largos.

Paul Ingendaay

Escritor, exeditor literario del Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania) y corresponsal cultural en España

No se puede juzgar la calidad de la crítica literaria sin tener en cuenta las formas de divulgar la literatura en los medios de comunicación, igual que los criterios de su evaluación. En este sentido, el concepto de lo que se llamaba "literatura seria" se ha ido esfumando. Se podría decir que con la mezcla de géneros se ha democratizado, pero también es cierto que, con respecto a la calidad literaria, se ha bajado el listón.

José María Guelbenzu

Escritor y crítico de Babelia. EL PAÍS (España)

Si nos circunscribimos a la crítica literaria como tal crítica, sigue más o menos igual; si pensamos en las reseñas de los medios, creo que ha aumentado la complacencia y ha disminuido la exigencia.

Philippe Lançon

Crítico del suplemento literario de Libération (Francia)

En la prensa generalista ha empeorado sin duda. Los críticos no son más (ni menos) comprometidos que antes con las editoriales, con su propia vanidad y deseo de existir, de "ocupar el terreno". Pero como los libros no tienen ya tanta importancia en la vida social y mental de los lectores, la crítica tampoco la tiene en los periódicos. La falta de tiempo, de espacio y de afán (por parte de los lectores, o al menos de estos lectores generalmente incultos que son ahora los directores de periódicos) la debilita mucho -la reduce como una cabeza de jíbaro-. Generalmente, la crítica se ha vuelto publicidad más o menos informativa. Es un problema mental, social y económico.

Eliot Weinberger

Escritor, traductor y crítico de medios como The New York Review of Books (Estados Unidos)

Estados Unidos no tiene la clase de suplementos literarios habituales en España y muchos otros países. Solo tiene una publicación periódica importante sobre crítica literaria: The New York Review of Books. Ya no hay críticos estadounidenses poderosos, como los había hasta la década de 1960, escribiendo en una prosa que era inteligible para cualquiera e introduciendo la literatura en los problemas políticos, sociales y morales del día. La llamada crítica "seria" ha pasado en su mayoría a ser dominio de los académicos, que escriben usando una jerga especializada, en la extraña creencia de que lo complejo solo puede presentarse por medio de frases impenetrables, y que parecen más preocupados por la crítica de la crítica que por la crítica de la literatura. El resto es publicidad principalmente: los extraordinariamente eficaces departamentos de marketing de las grandes empresas editoriales dictando aquello sobre lo que se escribirá en los periódicos y revistas. Uno se pregunta por qué sigue habiendo siquiera periodistas culturales. La crítica, en Estados Unidos, se ha reducido a las "recomendaciones", que llegan a través de las reseñas, los blogs y Twitter. Los premios se han convertido en la validación estándar del mérito literario. No puedo pensar en un solo crítico estadounidense a quien uno pueda recurrir ahora en busca de ideas. Quizás esta sea la razón por la que el mundo es más confuso que nunca.

José María Pozuelo Yvancos

Escritor y crítico de Abc Cultural, de Abc (España)

Se mueve en estratos distintos. Es tan diversa como la pluralidad de lectores y de medios de expresión. En términos globales me parece que la crítica literaria ha mejorado mucho en España, porque se ha aumentado el número de voces, pero también porque hay una mayor involucración de gentes muy prestigiosas en su ámbito. La antigua dicotomía entre crítica universitaria / crítica periodística se ha roto, y eso ha sido positivo para ambos lados.

Marie Arana

En Estados Unidos, la crítica literaria ha sufrido un golpe aparentemente mortal. En los últimos cinco años, periódicos que constituían la primera línea del debate inteligente sobre los libros se han visto obligados por las presiones económicas a recortar sus coberturas. La parte interesante es que el sector editorial en sí mismo ha conservado su fortaleza. Nadie lee menos, pero la manera de valorar los libros ha sufrido una gran transformación.

Enrique Krauze

Director de la revista Letras Libres (México)

La crítica en los periódicos independientes y la mayoría de las revistas de habla hispana deja mucho que desear. Por lo general, las reseñas son meros resúmenes de las obras, elogios indiscriminados o acercamientos teóricos. Falta casi todo: compromiso, penetración, discernimiento, profundidad, horizonte, pero sobre todo valentía. Atreverse a opinar con fundamento si una obra es buena o mala y por qué. La crítica de cine o la deportiva es mejor. ¿Por qué no tenemos la crítica literaria que necesitamos? Intervienen varios factores: compromisos editoriales, institucionales y hasta amistosos.

Santos Sanz Villanueva

Escritor y crítico de El Cultural, de El Mundo (España)

Más que mejorar o empeorar, la crítica hoy es distinta de cómo ha sido en el pasado desde que adquiriera un perfil definido en el siglo XIX. Hasta tiempos recientes era un elemento fundamental del sistema literario, formado por la cadena autor-lector-crítico. El último eslabón ha sufrido un desplazamiento de su función y ha sido sustituido por otros factores más determinantes: el marketing, la publicidad, el peso de la industria editorial, la arrasadora influencia de los medios audiovisuales.La cultura del espectáculo ha sustituido a la cultura del razonamiento y ha traído como consecuencia el relegamiento del crítico. Los críticos nos hemos quedado sin lectores, salvo los escritores, los profesores y una minoría muy interesada por las letras.

III. VIRTUDES Y DEFECTOS

Jorge Aulicino

Poeta y editor del suplemento Ñ, de Clarín (Argentina)

Resaltan más sus defectos, por cuanto sus espacios han aumentado. Hay más espacios de crítica porque la industria aumentó. Y el principal defecto es la complacencia con ese estado. Los críticos están demasiado vinculados a la industria editorial; son, a la par que críticos, ensayistas o novelistas, o poetas o autores de libros de crítica. Por otra parte, comparten demasiados saraos y vida socioliteraria con los escritores, y no quieren pelearse con ellos. Hay muchas excepciones, pero gran parte de la crítica resulta publicidad encubierta.

Jordi Gracia

La tendencia a creer en su empeoramiento es casi invencible. La crítica es más previsible para muchos porque nosotros mismos somos los previsibles. El rasgo más llamativo es la propensión a una brevedad extrema que tiende a favorecer el impresionismo analítico y el comentario de lectura más que el análisis metódico o contextualizado o vinculado a otras obras y tradiciones.

Claire Armitstead

El mayor problema (a diferencia de otras artes) es que no hay ninguna estructura profesional en ella, de modo que la mayoría de los críticos tienen que combinar las reseñas con ganarse la vida ya sea como escritores o como profesores, lo cual pone en peligro su independencia.

José María Pozuelo Yvancos

Hay dos principales defectos: el primero, de carácter general, es que la critica ejercida en un periódico o suplemento no siempre se separa bien de las leyes del mercado, porque el mismo suplemento, el medio, también es mercado, y debe hablar de lo que la gente habla. Esta pulsión de novedad, y de énfasis en "estar en la onda", es el principal defecto. Si la crítica termina hablando igual que el mercado y sigue sin más sus leyes se hará innecesaria por redundante. Refiriéndome al crítico, el principal defecto es que crea que su gloria o su lugar coincide con el que le concede el periódico. Muchas veces la mucha significación del crítico es directamente proporcional a su insignificancia. En cuanto a las virtudes: qué bien que una pequeña editorial o una autora de la que el mercado no habla sale a superficie porque un suplemento (o un crítico) llama la atención sobre ella, y la descubre. Contribuir a la visibilidad de quien vale, incluso al margen del mercado, seria quizá la mejor virtud de la crítica.

Mario Jursich

Periodista, escritor y subdirector de la revista El Malpensante (Colombia)

Las virtudes son más o menos las mismas de siempre: iluminar el sentido de un libro, ponerlo en relación con su contexto y con otros libros, explicar sus mecanismos de composición, etcétera. Los males son básicamente dos: 1. La idea firmemente arraigada de que la crítica literaria no es una instancia de reflexión sino parte del proceso de promoción del libro. 2. La convicción, no menos arraigada, de que la mala prosa es fundamental para hablar de literatura.

Marie Arana

En Estados Unidos ha perdido su vigor. Hay poca espontaneidad y emoción en el análisis de los libros. Si existe espontaneidad es en la dispersión de blogs literarios, pero son indisciplinados, están pobremente escritos y, a menudo, descuidados. Ninguno se ha revelado como una voz influyente.

Iván Thays

Escritor y bloguero de Moleskine literario y Basta de carátulas (Perú)

Su principal virtud está en no haber cedido, en la mayoría de los casos, al lector menos aventajado, el no haberse trivializado (como sucedió con las reseñas literarias, cada vez más parecidas a contratapas). Su principal defecto es no conseguir deshacerse del lenguaje académico codificado, el crear tendencias que no existen y el distanciarse de los nuevos fenómenos (salvo excepciones). Lo peor es que la crítica sigue buscando ser canónica y sesgada, pese a que la literatura actual es anticanónica y más bien dispersa y muy versátil.

Bernard Pivot

El principal defecto es cuando los críticos escriben para ellos mismos o sus amigos. No escriben para el público.

IV. EL PAPEL DE LOS MEDIOS

Jordi Gracia

El ejercicio de la crítica -la discriminación, la valoración, la ponderación- como función fundamental en una sociedad viva y como secuela casi necesaria de ese ejercicio se desprende la orientación sobre lo que son los libros que se publican de acuerdo con cada crítico o comentarista.

Gustavo Guerrero

Profesor de la Universidad de Cergy-Pontoise y consejero literario para el español de Gallimard (Francia)

Las políticas de los suplementos y revistas literarias son muy diversas. Quizá su virtud principal radique justamente en esa diversidad que nos muestra cómo se ha instalado el pluralismo en la vida literaria y cómo se ha desterrado la idea de que existe una jerarquía de valores única en cuestiones de estética. Hoy una novela o un poemario pueden ser buenos, mejores o peores para distintos públicos de muy distintas maneras, lo cual no implica que todo valga, sino que el valor literario es una construcción social que resulta de una apreciación y unos arbitrajes susceptibles de crear consensos más o menos extensos, estables y duraderos.

Mario Jursich

No es posible ni deseable que todos cumplan el mismo rol. Eso dependerá de la personalidad y los intereses de quienes dirijan esas revistas, esos suplementos, esas radios o esas webs.

Iván Thays

Mientras más suplementos literarios impresos cierran, más blogs literarios aparecen. La crítica literaria o el comentario de libros por Internet es una selva tupida en donde hay de todo. Uno debe andar muy atento y con un buen machete para abrirse camino por esa jungla donde todos tienen algo que decir, y lo dirán. Y ya sabemos: la ignorancia es atrevida. Creo que un blog o un website con rigor puede tener más importancia que un suplemento escrito. Lo fundamental es el contenido, sea la plataforma que sea.

V. DESAFÍOS DEL NUEVO PAISAJE

Gustavo Guerrero

Ante los demasiados libros que se publican, nunca antes el lector ha tenido tal necesidad de mediadores y nunca antes los mediadores han brillado tanto por su ausencia. No es fácil imaginar una salida para esta situación. La recomposición del paisaje mediático y tecnológico a la que estamos asistiendo quizás abra algunas puertas. Si la crítica quiere recobrar al menos una parte de su influencia social, va a tener que entrar en una dinámica multimedia porque el impacto de lo escrito se ha ido debilitando y tiene un alcance cada vez más limitado, sobre todo ante las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales e Internet.

Juan Antonio Masoliver Ródenas

Escritor y crítico de Culturas, La Vanguardia (España)

Internet llega de una forma más inmediata al lector. Hay blogs y revistas excelentes que compensan la escasez de revistas impresas. Pero nada impide la improvisación, el amateurismo, el narcisismo y confundir criticar con destruir. Hay mucho camino por recorrer y de momento aún vivimos en el caos. Pero la crítica -el lenguaje crítico- no ha cambiado. Sí ha cambiado el acceso, mucho mayor.

Marie Arana

El verdadero desafío proviene de los tiempos que vivimos. Hemos llegado a un punto en el que mucha de la información ya no se procesa de manera tradicional. Internet es cualquier cosa menos algo "desconectado", como es el libro. Está intrincadamente conectada y ha cambiado nuestra forma de pensar y leer. Alimentada por un número interminable de escritores, la Red está pensada para un número interminable de lectores. Los desafíos y problemas de la crítica están vinculados a la supervivencia de los periódicos.

Philippe Lançon

Más independiente. Más resistente al espíritu de publicidad y de negocio. Más lenta, más elitista. Y, sobre todo, mejor escrita.

Claire Armitstead

Internet ha hecho que la crítica informada, procedente de una fuente fiable, sea más importante que nunca. En cuanto al modo de ofrecer eso en el siglo XXI, todavía estamos tratando de averiguarlo. Mi propia impresión es que tenemos que adoptar la variedad que ofrecen las nuevas tecnologías y encontrar formas de llevar la crítica a una nueva generación de "lectores" a través del medio que prefieran.

José María Pozuelo Yvancos

Las revistas literarias tienen que pasar a la Red, pero no abdicar de lo que es propio de ellas. Ningún suplemento literario llama a cualquiera para que hable según le parezca, sino que los buenos se han rodeado de expertos, han reclamado el concurso de quienes saben hablar el idioma literario. La única posibilidad de existencia futura de la revista cultural o del suplemento es ser diferente, dar lo que otros medios no dan.

VI. ¿UN PUNTO DE REFERENCIA

EN EL CIBERESPACIO?

Paul Ingendaay

No, los medios están al alcance de todos. Serán los lectores quienes decidan si de verdad necesitan una "crítica literaria" en el sentido tradicional. Internet nos ha traído otras formas de debate igual de válidas. Es un punto de referencia para lectores que no intercambiaban opiniones.

Philippe Lançon

No sé. Es un momento revolucionario para toda la prensa, y sobre todo para la prensa cultural: la legitimidad del "gran crítico" o de tal periódico ya casi no existe. La figura del "gran crítico" desapareció más o menos con la del "gran escritor". Sin embargo, la gente necesita más que nunca puntos de referencia cultural, pues el problema del "gusto" se ha vuelto muy importante para la personalidad de cada uno. Lo que no veo es cómo se van a desarrollar nuevos puntos de referencia.

Jorge Aulicino

La democratización de la crítica, la opinión, la información -esto implica el espacio virtual interactivo- requiere más que nunca puntos de referencia. El periodismo profesional no puede ser reemplazado por la información amateur. Aun en la Red. Primero, porque el periodismo es un trabajo colectivo con profesionales. Producir información, justamente por impulso de la globalización, requiere equipos, recursos humanos, tecnología, que cada uno por sí mismo no está en condiciones de tener. Los lectores pueden encontrar crítica muy buena dentro o fuera de los grandes medios, pero la calidad de esa crítica se deberá siempre a lo mismo: la calidad de lectura y de la escritura del crítico.

Alberto Olmos

El líder de opinión o creador de tendencias es connatural al juego social y a su inabarcabilidad, por lo que los lectores van a tomar siempre a algún emisor de opiniones como guía. La situación es que ese "punto de referencia" no tiene por qué venir enmarcado en un medio tradicional, sino que puede ser cualquier persona que consiga transmitir a su vez un gusto coherente y una práctica honesta de su labor opinativa.

Jordi Gracia

Convertirse en punto de referencia es un efecto o una consecuencia del ejercicio de la crítica. Y tanto los blogs o las revistas digitales como los suplementos o las revistas tradicionales son capaces de concitar esa forma de respeto o de mera atención por parte de otros lectores. La multiplicación de canales de opinión propicia una nueva pluralidad de puntos de vista y es en esa diversidad donde ahora mismo está fabricándose la posibilidad de un crítico solvente o de una revista más respetable que otra.

II. INFLUENCIA Y PODER EN JAQUE

José María Guelbenzu

Ha perdido la misma influencia que los pensadores y los intelectuales en general; pero, sobre todo, no ha incorporado lectores de manera significativa. ¿Quién tiene que cambiar para que eso ocurra? ¿El crítico? ¿Los nuevos lectores?

Philippe Lançon

Ha perdido casi todo su poder. Para luchar con eso, cada crítico, cada servicio literario, debe luchar primero en su propia empresa para tener más espacio, más libertad, más capacidad para hablar de lo que le gusta, y no necesariamente de los libros de moda.

Claire Armitstead

El poder de la crítica literaria se ha reducido por tres motivos principalmente: los periódicos tienen menos lectores, la crítica no es una forma de periodismo que esté de moda y la mayoría de las reseñas carecen de relevancia para el mercado mayoritario en el mundo anglosajón, porque los libros del mercado mayoritario rara vez son literarios, así que les resulta más útil la publicidad que los juicios críticos. Para el libro apropiado, sin embargo, las buenas reseñas pueden representar la diferencia entre existir y desaparecer sin dejar rastro. Es importante recordar que el propósito de una reseña de un libro no es vender libros, es ubicarlos en el contexto del panorama cultural.

J. Ernesto Ayala-Dip

Crítico de Babelia. EL PAÍS (España)

Si el poeta en la sociedad burguesa del segundo imperio francés había perdido su aura, como nos enseña Walter Benjamin en la figura de Baudelaire, el crítico ya había nacido sin ella. Ser consciente de ello es crucial para sobrellevar con inteligente dignidad la labor crítica. En palabras de Sartre: el crítico literario es el pariente tonto de la familia social. Así que me niego a hablar de influencia ni de poder. Somos profesionales de la lectura analítica. Y, aunque a veces no lo parezca, la crítica es un género literario. Cuando un crítico es bueno, se lo lee, no sólo para que influya en una dirección determinada, sino también por el simple placer de leerlo.

Jordi Gracia

No estoy seguro de que haya tenido mucho poder antes, excepto en momentos muy concretos, pero seguramente la segmentación de la crítica ha hecho que su influencia sea más dispersa y leve frente a una operación de signo contrario, que es el incremento sustancial de la capacidad publicística de las grandes editoriales. El efecto vuelve a ser un sistema de crítica literaria segmentado, atomizado en múltiples focos, e invisibilizado por la potencia hegemónica de otros instrumentos públicos.

Gustavo Guerrero

Hasta hace unos años, la crítica no era solo una herramienta hermenéutica sino también un instrumento de regulación del mercado que, al crear consensos de opinión, administraba el valor literario. Pero en las últimas décadas es cada vez menos capaz de cumplir con esta misión, en parte, porque sus canales de difusión se han ido estrechando mientras que el volumen de libros crece; y en parte, porque con la incorporación del sector editorial a las industrias culturales de masas y con el desarrollo de agresivas políticas comerciales se ha ido reduciendo sensiblemente la influencia de la crítica, el periodismo, la academia y la enseñanza en la producción del valor literario.

Paul Ingendaay

Su influencia en un país concreto, salvo excepciones, siempre será limitada en el extranjero. Idiomas de gran divulgación o dominio como el inglés sí tienen sus críticos influyentes (Harold Bloom, George Steiner). El factor comercial parece que es más fuerte hoy que hace décadas.

VIII. DEMOCRATIZACIÓN EN LA RED

Claire Armitstead

Tuvimos un gran debate sobre si abrir las reseñas a los comentarios de los lectores en la web, y finalmente decidimos hacerlo fundamentándonos en que valoramos las opiniones y experiencias de nuestros lectores y en que ellos querían implicarse más. Nuestra experiencia ha sido la de que, cuando el crítico está preparado para responder a las críticas, ello puede intensificar el compromiso con un libro. Estamos al comienzo de un viaje con nuestros lectores en esto, ya que es una tradición muy nueva dentro de la cultura literaria.

Bernard Pivot

Cuanta más gente se interese en los libros, mejor. La crítica se democratiza en Internet. Pero estamos en lo mismo, es un fenómeno de masas. Cuando los internautas son decenas o cientos en recomendar un libro, tiene influencia en su compra. Pero críticas aisladas en Internet no harán que se venda.

Alberto Olmos

Es una opción que sirve de aviso a los críticos y a su particular esnobismo, que les lleva a creer que las ventas de un libro no tienen nada que ver con su calidad. Por amiguismo, círculos de influencia y papanatismo intelectual ha llegado a considerarse que cuanto menos vende un libro más merece ser considerado entre los críticos, lo que ha llevado a que los lectores descrean de juicios estomagantemente sibaritas y empiecen a atender a los juicios de los lectores rasos.

Mario Jursich

Pienso que la crítica literaria no es un asunto de expertos; por eso me parece una opción saludable que además ha contribuido a volver más plural el contenido de algunos diarios. Ahora, esas colaboraciones deben ser tratadas con el mismo rigor editorial que se aplica a los profesionales.

Enrique Krauze

Me parece bien, pero el problema básico de un editor es el mismo: discriminar. Seleccionar las notas de aquellos lectores que sí han leído el libro y tienen algo que aportar a la conversación, de aquellos que utilizan el foro para el insulto y la descalificación.

Jorge Aulicino

El efecto Amazon no anulará la crítica. Leo los comentarios de lectores. Leo el correo de los lectores en Ñ. No hay una democratización de la crítica sino de la opinión. No creo que la opinión de la crítica pueda ser anulada por la opinión de los lectores.

Gustavo Guerrero

No veo nada malo en que cada cual exprese sus gustos y favoritismos, pero lo que veo perverso es que esa libertad se utilice subrepticiamente para seguir reduciendo el ya escaso ascendente de la mediación de crítica en la creación de valor y el mercado.

Jordi Gracia

Es un episodio más del impudor y la impunidad frenética que ha despertado la Red y que puede tener efectos positivos cuando de esos colaboradores espontáneos -o incluso filtrados por la redacción- aparezcan autores capaces de atraer la atención de los demás, tanto por razones banales como por razones literarias. El intrusismo ha sido una auténtica bendición para la literatura del siglo XX, aunque de ese funcionamiento un tanto anárquico haya podido salir también parte de las taras mismas del sistema.

Ni golpear, ni babear

Reglas para una crítica equilibrada

1. Situar al autor, decir quién es y lo que representa el libro en su obra.

2. Ubicar el libro y juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria.

3. Argumentos razonados y con ejemplos para que el lector pueda comprender y evaluar.

4. Informar, educar y entretener.

5. Poca sinopsis y trama.

6. Informar sobre el estilo, el significado y la carga simbólica del libro.

7. Decir lo que piensa el autor sobre el tema del libro.

8. Decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor del libro dice sobre el tema del libro.

9. Ni golpear ni babear, una opinión ponderada y una fundamentación mesurada son más convincentes que un exabrupto.

10. Prohibir los adjetivos publicitarios, quien debe concluirlos es el lector.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL



Canonizador

Harold Bloom habla sobre su legado como crítico literario en Anatomía de la influencia. El gran divulgador abre un debate, planteado por Babelia, sobre la crisis de la crítica. Insiste en la necesidad de conocer a los clásicos para juzgar a los autores de hoy.

26/Noviembre/2011
Babelia
Winston Sabogal

HAY QUE MANTENER a raya la muerte de la imaginación!", pide Harold Bloom, que calla y cierra los ojos el tiempo suficiente para parecer un busto de mármol blanco de algún sabio griego de cabellos revueltos. La frase suspendida recobra vida con voz grave y cansada: "Una de las maneras es que el crítico se acerque a un libro a través de la confrontación con las cosas directamente. Debe ver lo bueno que es el autor. Y no hablo de los escritores menores sino de los grandes, como Dante, Shakespeare y Cervantes. Saber de qué están históricamente envueltos, cuál es el proceso; pero tiene que sentarse en el mismo sitio del escritor para conocerlo, y cuando lo lea debe leerlo como a un amigo cercano...". Y Bloom vuelve a suspender la idea un instante hasta encontrar las palabras: "Esa literatura, la canónica, que parece agonizar, es fundamental conocerla si queremos aprender a oír, a ver, a pensar... A sentir...".

Lo expresa casi al final de la entrevista como una recomendación para dejar de "bordear el abismo cultural". Es el reclamo de un hombre que siempre ha sostenido un duelo contra lo corriente; alguien para quien la literatura son las pulsaciones de su vida, que ha enseñado a amarla y en cuyo empeño pasó a ser uno de los críticos de referencia del último medio siglo, un relevo y respuesta a otros como el poeta T. S. Eliot (Lumen acaba de publicar sus críticas en La aventura sin fin). Todo viene de aquel niño que a los diez años empezó a leer poesía, a los 13 descubrió Macbeth, de Shakespeare, y, sin darse cuenta, se convirtió en un heredero de Longino, que propugna una ideología estética, y también en una especie de incentivador del espíritu agonista, del duelo dialéctico, en busca de...

¡La belleza! ¡El arte! ¡Lo sublime!

Esa es su trinidad. Cómo descubrirlas y disfrutarlas serán las ideas que irán y vendrán durante el encuentro con este lector, crítico y docente octogenario a quien nunca le ha temblado la voz para convertirse en un canonizador. "Ahora más que nunca, en esta época paradójica de abundancia informativa y generadora de desinformación". Y es ese, este momento, el que acoge su libro número 32, su gran legado como crítico literario: Anatomía de la influencia. La literatura como modo de vida (Taurus). Con este volumen, Bloom (Nueva York, 1930) cierra un círculo intelectual después de 44 años con un guiño a su primera obra: La ansiedad de la influencia; que ha coincidido con los 55 como docente de la Cátedra Sterling de Literatura de la Universidad de Yale.

Hijo de inmigrantes judíos de la Europa del Este, Harold Bloom está a pocos pasos de la calle Broadway. Manhattan es un susurro en su apartamento, al que viene de vez cuando desde su casa de New Haven, en Connecticut. Un apartamento con apenas libros a la vista, que no delatan a un autor de títulos como El canon occidental; Shakespeare. La invención de lo humano; Cómo leer y por qué y ¿Dónde se encuentra la sabiduría? Rodeado de tonos beis y camel, que favorecen una luz antigua, él empieza a hablar con su inglés pausado y transparente en la cabecera del comedor de madera.

PREGUNTA. ¿Usted que siempre ha entablado un diálogo con los lectores, cuál cree que debe ser la verdad de la crítica?

RESPUESTA. Admiro al gran héroe que tengo en la literatura occidental y al que he querido ser igual desde que era niño: el señor Samuel Johnson. Lo leo cada semana. Él dice que la función de la crítica literaria es transformar la opinión en conocimiento.

P. Me recuerda un pasaje de su libro: "Practicar la crítica propiamente dicha consiste en reflexionar poéticamente acerca del pensamiento poético".

R. Los poetas, los novelistas y los dramaturgos piensan a través de imágenes y metáforas, es un pensamiento figurativo. Nada en la literatura de Walt Whitman, por ejemplo, es real. Él utiliza metáforas como en la ficción y la ficción es lo supremo. Estoy escribiendo una obra teatral sobre Whitman y la dificultad es encontrar que los poetas estén por sí mismos... Básicamente, el problema es que eso es ficción. Los poetas utilizan un pensamiento figurativo para hablar. Si yo ahora quiero hacer crítica debería tener mucha sabiduría, mucha experiencia para poder acercarme a seres como Cervantes, Shakespeare, los grandes.

P. Ha expresado su alarma sobre la situación de la crítica. ¿Cómo la ve hoy?

R. Es reprobable porque se ha politizado, se ha mezclado lo académico y lo político.Ha surgido una especie de feminismo o racismo y lo que esto ha producido no es real. Lo que ha generado es la destrucción de la literatura en el mundo inglés porque las palabras que se escogen para enseñar o leer no son en base a criterios intelectuales sino el color de la piel, la orientación sexual o el origen étnico. La llamada nueva crítica y el nuevo cinismo son cómplices inesperados.

P. ¿Y fuera del mundo anglosajón?

R. Estoy cansado de que me pregunten por otras personas, solo ha generado problemas y peleas. El arte de la crítica literaria de nuestra época es, como digo en el libro, leer, releer, descubrir, evaluar, apreciar. Porque aunque la crítica no puede invertir el declive de la cultura podría dar testimonio de ella.

BLOOM CHASQUEA la lengua y se disculpa porque tiene que caminar un poco. "Debo hacerlo cada quince minutos por problemas de circulación en las piernas". Se apoya en la mesa para levantarse, coge el caminador y avanza hasta adentrarse en las sombras de un pasillo del apartamento. Solo se escucha el débil roce de sus pantuflas sobre el suelo. Hasta que regresa quejándose de la disminución de la crítica en la prensa.

P. ¿Cuál considera que debe ser la labor de la prensa, los suplementos literarios y la crítica literaria en esta era de tanta información, potenciada por Internet, que tiende a la desinformación?

R. Le voy a contar un episodio: hace 10 años remodelaron el Museo Británico y me llamaron porque había un acto donde se iba a hablar de la manera como los computadores transformaban el libro. Entonces pregunté qué tenía yo que ver. Me dijeron que era para que defendiera el libro. Mi respuesta fue que no había necesidad de defenderlo porque no era un dinosaurio extinguido. Aunque es verdad que hoy la desinformación no se distingue de la información. Lo que hay que hacer es cuestionar toda la información, venga de donde venga, porque los jóvenes son adictos a la televisión e Internet y son prisioneros de esa realidad virtual. El exceso de la vida a través de tantas pantallas, televisión, computador, cine, móviles y demás, corre el riesgo de acabar con los daimones, con la posibilidad de inspiración y pensamiento.Hemos entrado en la magnificencia de la realidad virtual. Cervantes con el Quijote es un buen ejemplo de ello. Es una profecía que se está cumpliendo porque Sancho y él tenían realidades distintas.

P. ¿Se requieremás que nunca de la crítica de referencia, de personas o medios que orienten y fomenten lo mejor?

R. Sin duda. Es necesaria una referencia, pero, precisamente, hoy más que nunca es difícil hacerla. Pero no todo está perdido. Dejé la academia y elegí ser profesor para el público en general porque probé la teoría, mis libros están traducidos amás de 40 lenguas y recibo correos electrónicos de todo el mundo. En esa audiencia he comprobado que la gente tiene valor intelectual, quiere aprender. Quiere saber qué es lo bueno, retornar a los clásicos, porque esa literatura es necesaria si queremos aprender. Y yo he encontrado ese público en todos los países. A pesar de que los estudiantes van a la universidad con los profesores y encuentran muchas cosas, ellos han desechado todo eso porque es basura y han regresado a los pilares de la literatura para poder comprender lo que viene después. La literatura sublime transporta y engrandece a sus lectores.

P. Pero lo sublime y lo estético no parecen vivir su mejor momento.

R. En la vida aparecen caminos extraños y lugares extraños. Todavía hay muchos novelistas estadounidenses fieles a lo mejor del pasado. También los poetas como John Jasper, y hay dos o tres en cada país, que son realmente importantes. Pensaba que cuando terminara la carrera iba a tener que pelear para cambiar eso, pero me he dado cuenta de que he influido en muchos jóvenes en todo el mundo que han tenido el coraje y les he dicho por qué leer, cómo leer y qué leer. Un deseo que ha permitido la continuación de una tradición por el gusto literario. Es el trabajo de la ilusión de más altos ideales, encontrar el auténtico trabajo, la oportunidad de buscar y de establecer grandes estándares como los establecieron grandes escritores. Toda esa parte sensitiva los ayuda. ¡Hay que mantener a raya la muerte de la imaginación!

Y TRAS EXPLICAR LA NECESIDAD de leer a los clásicos, Bloom se disculpa de nuevo. Se aleja escoltado por el ruido de sus pasos al ritmo del caminador. A su regreso, manda por delante palabras entusiastas por otro libro que acaba de publicar, La escuela de Wallace Stevens (Vaso Roto), y los que está escribiendo: la obra sobre Walt Whitman, un estudio sobre cinco autores esenciales en la creación de su país (los poetas Emily Dickinson, Wallace Stevens, Whitman y Hart Crane, y el novelista Herman Melville) y sus ya legendarias memorias literarias.

P. Le voy a mencionar a algunas de las personas que, según usted, más le han influido como crítico. Me gustaría que dijera algo de ellas [Bloom se sorprende y levanta la cabeza al tiempo que sus cejas pobladas se arquean expectantes]. Longino.

R. [Sonríe, y su cara adquiere un discreto tono vivaz]. Es el comienzo real del criticismo, de lo que habrá de ser la crítica. Fue un crítico genuino. Longino es de lo que hemos estado hablando aquí todo el tiempo. Longino dice que necesitamos emular a los héroes, emular su propia grandeza y los retos para crecer como personas.

P. Samuel Johnson.

R. ¡Ah...! Él entendió mejor que ningún otro a Shakespeare. Mostró cómo poner la biografía y la crítica en otro nivel. Mostró cómo tener vida y trabajar en un sentido profundo e independiente cada uno. Pero, sobre todo, en algún sentido, mostró el uso de la literatura como forma de vida, de ahí el subtítulo de mi libro.

P. Immanuel Kant.

R. [Sonríe y cierra los ojos] ¡Ah...! Me influyó mucho y logró que me emancipara en la estética, la epistemología y la deconstrucción. En Crítica del juicio, Kant enfrenta al crítico, a la razón inteligente de la literatura y dice que tú no puedes estar solo con todo el trabajo, no puedes estar solo cuando pones en escena el drama de Shakespeare. Nuestras emociones son estética.

Y SIGUEN MÁS NOMBRES que le despiertan una evocación de plácida alegría en espiral: Edmund Burke, Walter Pater, Kierkegaard, Gershon-Scholem, Emerson, Kenneth Burke, Sigmund Freud, La Biblia, Angus Fletcher: "Es el crítico canónico de mi generación"; Hart Crane (su primer amor poético): "Ah...".

Es el Harold Bloom que ha intentado comunicar y enseñar a identificar la belleza y celebrar lo sublime de la literatura. Llega el momento de otro paseo por su casa, esta vez acompañado de sus reflexiones sobre el presente con una voz que va y viene, como oleaje: "Es un momento difícil para la gente... El gran problema es la educación... Si la gente es educada de manera adecuada, puede pensar, pero si la gente no es educada no es posible que piense. Toda la vida he sido profesor, por eso sé que aquí no pensamos...".

El asunto de las presentaciones

4/Diciembre/2011
Jornada Semanal
Ana Garccía Bergua

Hace poco vi a un loco de presentación. Los locos de presentación pertenecen a una estirpe inmortalizada, si no recuerdo mal, por Luis Ignacio Helguera en un texto o un poema que hablaba de una presentación vacía cuyo único público era el famoso loco. Los locos de presentación son aquellos que acuden a las presentaciones literarias, se sientan y ponen una atención sibarita a todo lo que ahí se lee y se dice, con el único fin de llegar al coctel y beber lo más que puedan. Este loco que vi tenía aires de intelectual setentero, barbón, vestido de mezclilla y camisa a cuadros, y la única manera de reconocer su condición era que, en lugar de cinturón, portaba un lazo de mecate bien amarrado, y sus zapatos eran los huaraches desvencijados de los vagabundos. Si uno es distraído, se puede dejar engañar por la finta; lo digo porque casi casi le leí a él todo mi texto aquel día, imantada por su sonrisa bonachona, la barba bohemia, aquellos ojos atentos que parecían entender cada una de mis palabras como si fueran suyas. Cuánta razón tienes, parecía decirme, qué bárbara. Siempre hay una mirada, un rostro en el público al que nos asimos como a un cómplice para poder hablar con cierta soltura, y en esa ocasión lo elegí a él. Cuando se levantó y vi el cinturón de mecate, me di cuenta de que había presentado aquel libro para el loco. No me sorprendió en lo absoluto que fuera el primero en acercarse a la mesa donde se ofrecía el vino, ni que saludara al aire como si estuviera acompañado de una alegre banda de amigos invisibles. De todos modos agradecí que hubiera fingido escuchar de esa manera tan profesional; quién sabe, en realidad, en qué pensaría mientras todos nos poníamos sesudos, mientras yo le comunicaba mis ideas pensando que las entendía mejor que nadie en aquel salón; quizá en la marca del vino que irían a ofrecer, quizá en que faltaba cada vez menos para que la palabrería terminara. Quizá en todas las presentaciones debería haber un loco que asintiera a lo que los presentadores dicen. Eso sí, hay que tener cuidado a la hora de dar la palabra al público: el loco es el primero que levanta la mano para preguntar algo que no tiene nada que ver ni con el libro, ni con el autor, ni con nada. Es tal su paciencia, que se da incluso el lujo de aportar su granito de arena antes de correr a la mesa de los tragos.

Todas las casas de la cultura, las librerías y los lugares donde se presentan libros tienen sus locos de toda índole y sus presentaciones. Mucha gente dice que las presentaciones de libros deben terminarse porque nadie va. Ahora las editoriales grandes hacen grandes ruedas de prensa con el autor y con ello queda saldada la principal finalidad de las presentaciones de libros, que es justamente la de dar a conocer a la nueva criatura, que se entere el mundo de que a book is born. De esta manera expedita y declaradamente mercadológica –la que vería en un asistente a la presentación un comprador forzoso–, los autores terminan contando su libro veinte veces en un solo día a otros tantos periodistas con muchas cosas que hacer y nadie aplaude, ni muestra demasiado interés; ni siquiera hay un loco dedicado a asentir, no hay catarsis. Antes las presentaciones eran más interesantes, pues la gente iba y a veces, incluso, los presentadores se animaban a hablar mal del libro, había pleitos, interesantes escándalos. Ahora son, muchas veces, lugares desérticos, habitados por autores que para no deprimirse se repiten a sí mismos que ya se lo imaginaban, que era de esperarse, etcétera. Los acompañan presentadores en fuga, organizadores acongojados, expertos en culpar al tráfico, amigos y parientes que se querrían multiplicados por mil, y locos sedientos. Como consuelo, muchos autores han convertido las presentaciones más en una fiesta donde él o ella y sus amigos nos damos vuelo –a veces me toca ser autora o amiga– cantando loas a la obra, lo cual también está bien: quizá será el único día en que alguien hable bien del libro o en que, por lo menos, hable del libro. Para atraer más gente a la presentación, no ha faltado quien organice bailes, representaciones, conciertos, degustaciones, disfraces, enigmas y otras amenidades, como se dice en inglés. Pues las presentaciones son eso, una celebración, y vale la pena que continúen, organizadas y sufragadas muchas veces por autores, editores y amigos. Son lugares de la palabra donde campean los locos gesticuladores, que también cumplen su función.


Poesía y no poesía

4/Diciembre/2011
Jornada Semanal
Juan Domingo Argüelles

Poesía y contrariedad. La idea de que los poetas deberían estar blindados contra las contrariedades cotidianas, o que deberían estar exonerados de ellas es, absolutamente, una ingenuidad. Si no es por esas contrariedades, y por la parte de dicha que pueden disfrutar, ¿de qué diablos escribirían? Los poetas no son más que este o aquel ciudadano que trabaja y paga sus impuestos. Lo que ocurre con ciertos poetas es que se creen esa fatuidad de que son faros de luz y detectores del futuro en relación con la tribu espesa y el vulgo ingente. Craso error. El poeta no es un ser muy diferente a los demás habitantes del planeta. Los riesgos de vivir no se anulan por ser poeta; al contrario, por serlo, se potencian. Tiene razón Witold Gombrowicz en su diatriba contra los poetas. El mal no está en la poesía, sino en los poetas; no en el oficio, sino en los oficiantes. Y tiene razón, también, Pablo Neruda cuando afirma que el poeta no es “un pequeño dios”, ni mucho menos un dios. Es necesario que algo o alguien los haga bajar de su torre de marfil o de su nube. Es bastante benéfico para los poetas y para el mundo que los rodea. Los poetas también son gente de a pie: peatones. Si no comprenden esto, la realidad se encargará de enseñárselo.

Lección de zoología. Los artistas y los escritores son como los gatos: si los acaricias con delicadeza, ronronean y te lamen las manos, pero ay de ti si les pisas la cola: arman un escándalo de Dios padre. Los políticos lo saben. Por ello los acarician con delicadeza, los consienten, los llenan de reconocimientos y aplausos, y cuando alguien, por equivocación, les pisa la cola, mandan los políticos a sus criados a que los acaricien para que vuelvan a ronronear y dejen de hacer escándalo. Nadie se cree el cuento de que los políticos piensan que los escritores y los artistas son necesarios para la sociedad. Lo que les interesa es que ronroneen en vez de lanzar alaridos.

Escritores y políticos. Son risibles los escritores que se reúnen con los políticos y se hablan de tú con ellos. Primero se muestran entusiasmados (y lo dicen y lo escriben) sobre la “sorprendente cultura literaria” que encontraron en sus interlocutores. Es que los políticos, viejos zorros, les hablaron de sus libros y ellos se sintieron complacidos de que dichos políticos los conocieran y casi los recitaran. Ingenuos, bobos. ¿Qué, no saben acaso que antes de una reunión con artistas y escritores, los políticos instruyen a sus asesores para que les preparen tarjetitas informativas sobre los bichos que estarán a su lado? Pero, luego, cuando se “desilusionan” del político, le escriben artículos incendiarios y “cartas abiertas” donde le reprochan sentirse engañados, traicionados. “¡Y pensar –le dicen al político– que usted me pareció culto e informado!” Muchos escritores viven en la Luna.

De la cartilla de guerra alemana. Hay dos formas infalibles para conocer a las personas: por sus actos y por lo que dejan de hacer. En cuanto a sus actos, hay quienes creen que lo que hacen por vanidad es indispensable no sólo para ellos, sino para los demás; en cuanto a su inacción, hay quienes piensan que los demás tienen obligaciones morales para con ellos, aunque ellos no las tengan para con los demás. Los primeros versos de la famosa “Cartilla de guerra alemana”, de Bertolt Brecht, siguen siendo perfectamente descriptivos en cuanto a estos comportamientos: “Entre los de arriba/ hablar de comida es considerado bajo./ Ésta es la razón: ellos/ ya han comido.”

Modestia y vanidad. En la detestable vanidad literaria hay dos detestables extremos que se tocan: el del escritor hipócrita que finge modestia pero que espera que ensalcen sus elevadas virtudes y, al mismo tiempo, su modestia, y el del escritor arrogante que se cree un dios y que más que lectores lo que espera, y exige, son parroquianos y fanáticos, miembros de una secta de la cual él es el ídolo. Los dos especímenes son unos tontos, y la realidad se encarga, todos los días, de decirles que son unos tontos, porque hasta los tontos cuando se quedan a solas consigo mismos saben, por supuesto, que son unos tontos.

Mal chiste. Henry Hitchings, autor de Saber de libros sin leer, se quiere hacer el gracioso al final de su libro y escribe: “Por cierto, en este libro he tenido la suficiente picardía para escribir (en una ocasión) sobre un libro que no he leído, y hay otro par que no he acabado. Dejo en tus manos descubrir cuáles son.” ¿Cómo carajos lo vamos a descubrir? ¿Cómo vamos a saber cuál es el libro que no ha leído si es imposible saber siquiera cuáles son los que ha leído?


“Escribo para tres o cuatro personas”, dice Sheridan

4/Diciembre/2011
El Universal
Alida Piñón

A Guillermo Sheridan no le gustan los premios ni los reflectores ni los homenajes, porque, dice, en la historia del periodismo cultural de México él apenas es un pie de página. Pese a ello, aceptó recibir el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, reconocimiento que “no tiene la menor importancia”.

El galardón que recibirá mañana en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara lo orilla a recordar a Benítez, con quien llegó a trabajar y quien se convirtió en su “cuate”. Piensa un momento y se echa una carcajada, de esas que surgen de la memoria de una travesura.

Entre risas, narra en entrevista aquel día en que el creador del suplemento México en la cultura iba caminando por la plaza de Coyoacán tomado de los brazos de él y del crítico de cine Gustavo García.

“Fernando iba, como siempre, muy elegante, con su traje inglés y su camisa de algodón egipcio -porque, como buen izquierdista, era rico-. Nos trataba como si fuéramos niños, de hecho nos decían ‘los niños’, entonces, en un momento nos dijo (fingiendo la voz de Benítez): ‘A ver niños, les voy a comprar un helado’. Una cosa rarísima, yo tendría como 30 años.

“Mientras nos dirigíamos hacia la heladería -seguíamos tomando a Fernando de los brazos porque él ya estaba grande y el suelo era muy disparejo-, una chica guapísima venía caminando en nuestra dirección, así que Fernando alzó los brazos y nos dijo: ‘Déjenme solo, déjenme solo’.

“Lo soltamos para que hiciera su solito, se puso muy derechito y cuando pasó la chica le dijo: ‘Paso a la belleza, se abrió la gloria’. Un piropo que tiene que ver con cuando se abre la gloria, en fin, cosas de religión. A la señorita le pareció simpático que un viejo elegante le dijera eso y le agradeció con finura, sonrió y siguió su camino. La muchacha no había avanzado ni dos metros cuando Fernando se volvió a pescar de nuestros brazos y nos dijo: ‘¡Vieron qué chichotas!’ Toda la elegancia y todo el buen decir de un caballero correcto se colapsó con una brutalidad al emplear ese término, elocuente, desde luego”.

La fama de los autores

Guillermo Sheridan es investigador, escritor, periodista, ensayista y maestro. Sus áreas de especialización son tan amplias como sus publicaciones, a lo largo de su trayectoria se ha concentrado en temas como la historia de la poesía moderna de México, José Juan Tablada, Ramón López Velarde, Los Contemporáneos (Gilberto Owen, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Salvador Novo, Jaime Torres Bodet), Octavio Paz, entre otros. Vida y obra que le será reconocida, pero él insiste: “Soy un escritor menor”, dice.

Mientras acepta con renuencia ser fotografiado, comenta: “Las conferencias, las fotografías y los homenajes terminan por convertirlo a uno en quién sabe qué, en un personaje. Es lamentable cómo hay muchos escritores que son personajes de la mirada pública y empiezan a vivir a ese personaje, como el que es simpático y provocativo, o el incendiario, altanero y déspota, pero son personajes porque los escritores empiezan a inventar cuando ven cámaras alrededor. Si estuvieran encerrados -como deben de estar- no pasaría esto”.

Un flashazo lo distrae de sus reflexiones sobre la fama de los escritores. “No, no, no me retrates así”, le dice a una fotógrafa y continua: “No creo que Carlos Monsiváis haya sacrificado jamás su integridad intelectual al servicio de su personaje. (En cambio) los escritores malos, los débiles, empiezan a caer en una especie de cautiverio, con una fama que además en México es muy endeble, aquí todos son famosos. Hay una cantidad excesiva de reconocimientos, de premios, todo eso es una mentira infinita”.

Aunque no todos los famosos son malos y no todos los buenos han sido famosos. “A Xavier Villaurrutia nunca le dieron un premio, luego su nombre se volvió un premio. Curioso, ¿no? Todo esto es parte del mundo rarísimo que es la difusión cultural, que se ha convertido en una industria imposible de contener y que paradójicamente no produce ni mejores lectores ni gente más enterada, ni mejor música ni nada. Por ejemplo, los municipios y los gobiernos demuestran que tienen interés en la cultura y en Angangueo se las arreglan para que vaya el escritor Menchaca, él llega, le ponen la corona de laurel y dos edecanes al lado. Nada de esto es cierto”.

La verdad, ¿por qué se subió al avión y llegó hasta aquí?, se le pregunta. “Ni lo pensé, dije: ¡Qué amables! Vaya, no tiene la menor importancia. Además, como vivo fuera y muy encerrado, me sirve para ver amigos. Uno va por ahí, alguien te dice que le gustó mucho algo que hiciste, dices: gracias. No me siento ni ofendido ni nada, tal vez de alguna manera me dé tristeza porque tenía la fantasía de ser un escritor marginal, con esto me quitan la marginalidad”.

Sheridan está enfocado en la investigación y dice no tener interés en el trabajo que hizo en la época que se encontraba en las redacciones de los periódicos y revistas culturales del país. Es más, hoy escribe porque le pagan y porque le divierte -“aunque cada vez menos”-. “Me he hecho viejo y es muy difícil escribir sobre lo mismo. México es un país muy revolvente, reincidente y reiterado”.

Las enseñanzas, en cambio, sí son dignas de recordar. “Fue una época muy interesante, los maestros eran buenos, Huberto (Batis), Fernando (Benítez), Henrique González Casanova eran lectores agudos y enérgicos, uno aprendía muchísimo. Toda la gente que me pidió que colaborara con ellos, me enriquecieron desde Fernando a Octavio Paz.... Siempre que escribo me imagino que tengo parado en el hombro a los amigos de los que me interesa recibir una palomita. Durante muchos años fue Octavio -que no era fácil-, después fue Alejandro Rossi y Ramón Xirau, Tomás Segovia. Ahora me interesa que cuando escribo algo le guste a tres o cuatro personas”.

El escritor se alegra por la publicación de Malas palabras: Jorge Cuesta y la revista Examen (Siglo XXI Editores, 2011) y por la creación de un libro de ensayos sobre la poesía de Paz. “Soy un investigador serio que se dedica a estudiar literatura mexicana. El periodismo cultural es una cosa que hago al margen”.